CRÍTICA

Rebobine, por favor

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Por
11 de abril de 2008

Nando Salvá

ES ADMIRABLE QUE UN DIRECTOR atraído por la neurosis y la inseguridad como Michel Gondry sea un tipo tan seguro de sí mismo. Idiosincrásico y autoindulgente, parece incapaz de pensarse dos veces sus ideas, y quizá sea por ello que en Rebobine, por favor se detectan pruebas, nunca antes tan claras –su desinterés por el argumento, su desdén por la lógica interna o la causalidad–, de los límites de su brillantez. En otras palabras, esta película es una magnífica premisa narrativa y si Gondry parece reacio a explorarla es, quizá, porque si explicara el chiste acabaría arruinándolo. Tratemos de hacerlo nosotros. Rebobine, por favor puede entenderse como un manifiesto sobre el cine indie, la idiotez que aqueja el cine popular o el egocentrismo creativo de la generación YouTube/MySpace. Como su título indica, es también una elegía por la agonía de lo analógico y, en especial, del VHS, condenado al trastero o a la basura. Ante todo, es una película de buenos sentimientos que habla de cómo las películas hacen sentirse bien a la gente y que celebra la emoción comunal de la creación. Todos podemos hacer películas, propone; sólo hace falta un poco de valor, algo de creatividad y cierta ayuda de los amigos. Suena muy bonito, sí, pero algo confuso reivindicar el encanto de lo comunitario y, a la vez, el individualismo del hazlo tú mismo, o renegar de la era digital pasando por alto que la democratización que YouTube encarna y la película celebra es uno de sus productos estrella. Además, abogando sin sentido crítico por el impulso creador que habita en todos nosotros, Gondry elimina la distinción entre arte bueno y arte malo. Cuestiones como el talento o el buen gusto nunca se interponen en su utopía –¿no la convierte eso en una distopía?–. Rebobine, por favor se confirma, pues, como su obra más naif, porque, sin ironía alguna, considera el entusiasmo pueril y hasta la imbecilidad como estados de gracia, porque en buena medida es tan indisciplinada como los haikus que sus héroes ruedan, y porque avanza no a través de la psicología de sus personajes ni de su engranaje argumental, sino por las ganas de su autor de averiguar qué pasaría si tratamos de rehacer Men in Black en el garaje. Después de todo, sostiene, las películas que adoramos nos pertenecen, y una parte de nosotros vive dentro de ellas, como los protagonistas de las maravillosas Olvídate de mí y La ciencia del sueño vivían en el interior de sus recuerdos y de sus sueños. Sin embargo, esas dos películas insinuaban el reverso melancólico y patológico de la mente creadora. Rebobine, por favor es el retrato de una imaginación sin costes y, pese a todo, el producto de una imaginación sin límites. Y de una sensibilidad auténtica –no de una ensayada pose cool y rarita a lo Diablo Cody–. Y de un amor ardiente hacia la gente. 

SINOPSIS:

El Sr. Fletcher (Glover) deja su videoclub a cargo de Mike (Def). Por error, su colega Jerry (Black) borra las cintas. Deciden entonces volver a rodarlas con cuatro perras, siendo ellos los actores.

Rebobine, por favor

[BE KIND REWIND] COMEDIA / EE UU / 2008 / 101 MINUTOS / UNIVERSAL DIRECTOR: MICHEL GONDRY ACTORES: JACK BLACK, DANNY GLOVER, MOS DEF, MIA FARROW GUIÓN: MICHEL GONDRY FOTOGRAFÍA: ELLEN KURAS MÚSICA: JEAN-MICHEL BERNARD, LINDA COHEN PRODUCCIÓN: GEORGES BERMANN, JULIE FOND. bekindmovie.com

ESTRENO: 11 de Abril de 2008

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