CRÍTICA

Qué extraño llamarse Federico

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27 de abril de 2015

Fue Federico Fellini un tipo con suerte en vida, pero también en su muerte. No es habitual que pasados 22 años de tu desaparición, aquellos que te soportaron en los ataques de ira, de dolor o de debilidad durante el día a día tan complejo de los directores sean tan proclives a hablar bien de ti. En el caso de Federico Fellini ya había ocurrido con su biografía canónica, de su colaborador Tullio Kezich, y se repite en este filme de Ettore Scola. Etiquetado como “docudrama”, la fuerte personalidad y sensibilidad de Scola, su constante ambición metanarrativa, lo sitúa a otro nivel, convirtiendo el retrato del amigo en un compendio del cine italiano de los últimos 50 años. Scola nos habla de Federico y la historia de Italia con el colmillo bufo de Comencini; de la relación entre Mastroiani y Federico con la sutileza varonil de Visconti; de las mujeres, sean mammas o prostitutas, con la rijosidad de Gassman y, en fin, de esa luz mediterránea que baña exteriores e interiores construidos en Cineccità como si de Storaro se tratara. Así, la recompensa para el espectador es doble: todo transmite la nostalgia del amigo íntimo, pero también la de una filmografía que un día fue la envidia del mundo y que hoy atraviesa un periodo crepuscular. De esta manera, la película acaba siendo una reflexión sobre la muerte del amigo, del cine italiano y, sospechamos, del propio Scola. Esperemos que, a sus 83 años, le siga quedando carrete para seguir ofreciéndonos maravillas como ésta.

Fue Federico Fellini un tipo con suerte en vida, pero también en su muerte. No es habitual que pasados 22 años de tu desaparición, aquellos que te soportaron en los ataques de ira, de dolor o de debilidad durante el día a día tan complejo de los directores sean tan proclives a hablar bien de ti. En el caso de Federico Fellini ya había ocurrido con su biografía canónica, de su colaborador Tullio Kezich, y se repite en este filme de Ettore Scola. Etiquetado como “docudrama”, la fuerte personalidad y sensibilidad de Scola, su constante ambición metanarrativa, lo sitúa a otro nivel, convirtiendo el retrato del amigo en un compendio del cine italiano de los últimos 50 años. Scola nos habla de Federico y la historia de Italia con el colmillo bufo de Comencini; de la relación entre Mastroiani y Federico con la sutileza varonil de Visconti; de las mujeres, sean mammas o prostitutas, con la rijosidad de Gassman y, en fin, de esa luz mediterránea que baña exteriores e interiores construidos en Cineccità como si de Storaro se tratara. Así, la recompensa para el espectador es doble: todo transmite la nostalgia del amigo íntimo, pero también la de una filmografía que un día fue la envidia del mundo y que hoy atraviesa un periodo crepuscular. De esta manera, la película acaba siendo una reflexión sobre la muerte del amigo, del cine italiano y, sospechamos, del propio Scola. Esperemos que, a sus 83 años, le siga quedando carrete para seguir ofreciéndonos maravillas como ésta.

Con amigos como Federico, la vita es dolce.

SINOPSIS:

Película homenaje a Federico Fellini, a su arte y su personalidad. Ettore Scola revive su encuentro con él en la revista satírita Marc Aurelio en los años cincuenta y la amistad que les unió desde entonces con un gran punto en común: su pasión por el cine.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO:

GUIÓN:

PAIS:

DURACIÓN: 90

EDAD RECOMENDADA: PC

DISTRIBUIDORA: SURTSEY

ESTRENO: 30 de Abril de 2015

ETIQUETAS:

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