CRÍTICA

Quantum of Solace

4

Por
21 de noviembre de 2008

Nando Salvá

EN ‘QUANTUM OF SOLACE’, 007 no juguetea con gadgets, ni protagoniza libidinosas escenas de sexo con Camille, chica Bond oficial: está demasiado ocupado buscando venganza. No pronuncia la frase “Bond, James Bond”, ni ninguno de sus lapidarios one liners. Su némesis no se llama Goldfinger, o Scaramanga, o Le Chiffre, sino… Dominic Greene, y su plan no es dominar el mundo, sino comercializar agua en Bolivia (tampoco tiene refugios en la luna, en el fondo del mar o en un volcán; opera desde un almacén). El icónico plano en el que la pantalla se tiñe de sangre no aparece al principio del filme, lo hace al final. La mítica música de Monty Norman es sólo un eco que se pierde en el genérico score de David Arnold. Por sí solo, todo eso no debería ser grave: parte de ello ocurría también en la magnífica Casino Royale, que reseteó la saga, le proporcionó una satisfactoria mitología de origen, formuló complejas consideraciones sobre el negocio del espionaje y, gracias al trabajo actoral de Daniel Craig, dotó al espía de un músculo y unas emociones que ignorábamos que tenía. Uno de los grandes problemas de Quantum of Solace es que Craig sigue tratando de trazar un oscuro estudio de personaje en una película que apenas le permite detenerse para recobrar el aliento. En efecto, este episodio avanza a toda leche, rebosa acción; persecuciones por tierra, mar y aire, peleas tan acrobáticas como confusas. En ellas el director Marc Forster, que, hasta ahora, no había rodado más secuencias de acción que un revolcón entre Halle Berry y Billy Bob Thornton, trata en vano de emular el vigor narrativo mostrado por Paul Greengrass en la impecable e influyente saga de Jason Bourne (al menos dos secuencias son imitativas). Sacude la cámara lo más posible y no permite que ningún plano dure más de medio segundo, de modo que es imposible saber quién aparece de dónde y por qué, y es necesario esperar a que acaben para resolver quién se mantiene en pie. Seguirlas es casi tan difícil como entender el argumento, que da vueltas de forma endiablada –fue rodada en más ubicaciones exóticas que cualquier otra película de Bond en 46 años– y, aun así, es esencialmente irrelevante: las acciones y reacciones de los personajes son caprichosas, el contexto político no tiene sentido, el análisis acerca de revoluciones políticas y regímenes militares decadentes es vago, el mensaje ecológico y ambiental es estúpido. Forster ni nos recuerda suficientemente por qué está Bond tan cabreado y, dado que esta película es oficialmente una secuela, eso habría sido necesario para evitar que, pese a los evidentes y loables esfuerzos de Craig, 007 quede aquí retratado como un desquiciado asesino, apenas humano. 

SINOPSIS:

James Bond busca vengarse de la muerte de su amada. Las pistas le conducen a una enigmática organización, QUANTUM. Empieza la persecución…

Quantum of Solace

ACCIÓN-AVENTURA / REINO UNIDO / 2008 / 106 MINUTOS / SONY DIRECTOR: MARC FORSTER ACTORES: DANIEL CRAIG, OLGA KURYLENKO, MATHIEU AMALRIC GUIÓN: PAUL HAGGIS, ROBERT WADE FOTOGRAFÍA: ROBERTO SCHAEFER MÚSICA: DAVID ARNOLD PRODUCCIÓN: MICHAEL G. WILSON 007quantumofsolace.es

ESTRENO: 21 de Noviembre de 2008

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