CRÍTICA

Petitet

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Por
30 de mayo de 2018

Son muy serias las promesas a una madre. Y más aún para los gitanos. Petitet hizo de su promesa un motivo para continuar en este mundo. Carles Bosch filma su historia con cariño, con la cámara donde mejor orbita: a la altura de sus sueños y de la música que los habita. Filma con tino varias esferas de sentido y de pensamiento, todas para inyectar calado al relato central, la lucha por conquistar su empeño: llenar de rumba un gran teatro lírico. Una de las esferas es la de los gitanos del Raval y su música. Otra es la de la enfermedad de Petitet. Otra, quizá la más relevante, es el trazo de la personalidad de tan peculiar personaje.

Las tres giran al tiempo para confluir en una historia sin duda alargada –sería estupenda para una hora, 100 minutos son excesivos– tamizada por el imprescindible humor de su protagonista, una fuerza orgánica e impulsiva que al minuto dos ya ha descubierto que no tiene ni idea de música pero que lo suple con su palique y su exageración constante. Hay apuntes interesantes sobre los que desearías saber más: su trabajo de transportador de chatarra y dos o tres destellos del pasado en forma de material de archivo que saben a poco. Petitet surgió de las entrañas del Raval descubierto por un grupo de periodistas inquietos –con David Vidal al frente– y Carles Bosch ha moldeado un retrato fílmico con alma.

Historia de una promesa inconsciente, loca, luchada, cumplida.

SINOPSIS:

Petitet es un gitano catalán que persigue un sueño. Exmúsico e hijo de uno de los ‘palmeros’ del mítico Peret, padece una rara enfermedad crónica que provoca altos grados de debilidad muscular. Pasados los cincuenta años de edad, quiere cumplir la promesa que le hizo a su madre antes de morir: llevar la rumba catalana a los escenarios de un gran teatro.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO:

GUIÓN:

PAIS: España

DURACIÓN: 100 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: DocsBCN

ESTRENO: 08 de Junio de 2018

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