CRÍTICA

Parásitos

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22 de octubre de 2019

El equilibrio entre crítica social incisiva y entretenimiento vigoroso es un rasgo medular del cine de Bong Joon-ho desde que se puso detrás de una cámara, ya licenciado en Sociología. Habitual de los cineclubs, donde entró en contacto con las películas de Kim Ki-young y Luis Buñuel que tanto adora e invoca en su séptimo largo, siempre ha destacado por su facilidad para integrar ambas dimensiones en esos castillos de naipes multigénero que domina junto a sus compatriotas.

Después de dos producciones desterritorializadas en inglés –Rompenieves (2013), Okja (2017)– su regreso a casa se ha saldado con la primera Palma de Oro de la historia del cine coreano y una nueva cumbre de excelencia dentro de una filmografía que nunca ha bajado del notable.

En Parásitos vuelve a contar con Song Kang-ho, el mejor actor coreano del siglo XXI, para encabezar un reparto coral donde cada intérprete ejecuta su papel con precisión genuina. Es el patriarca de una familia pobre de Seúl, acostumbrada a malvivir en un piso bajo a base de microtrabajos temporales y precarios. Su suerte cambia cuando el hijo sustituye a un amigo como profesor particular de inglés de la hija de una familia rica.

Empieza ahí un sibilino proceso de infiltración y conquista por el que, mediante un juego de máscaras basadas en roles sociales, los distintos miembros familiares irán asumiendo posiciones de servicio dentro de la mansión hasta hacerse cada vez más imprescindibles para unos dueños incapaces de realizar el más mínimo trabajo doméstico.

Ese primer acto, donde El sirviente (1963) de Losey y Teorema (1968) de Pasolini se enredan con la endiablada agitación de un encadenado de set pieces de Hitchcock, pronto pega una serie de requiebros que llevan la historia por terrenos sorprendentes reafirmando su condición de alegoría social sin perder ni una pizca de inteligencia. Del tratado marxista sobre la alineación de clase disfrazado de relato picaresco se pasa a través de un travelling tenebroso al centro de un thriller doméstico sobre el engaño y la interpretación de roles sociales como construcción de la realidad.

El autor de Memories of Murder orquesta la extrañeza, el humor negro y, básicamente, la posibilidad de que pueda ocurrir cualquier cosa –pocas películas pegadas a la realidad lo logran a este nivel, el mismo de la inclasificable Callejón sin salida (1966), de Polanski– con mano maestra de demiurgo en su filme más deslumbrante.

Se nota que Bong disfruta planificando al milímetro la perversa escalada de acontecimientos, componiendo cada plano con su director de foto Hong Kyung-pyo –en racha tras colaborar con Na Hong-jin (El extraño) y Lee Chang-dong (Burning)– hasta que conoces todos los rincones y espacios de la casa de Parásitos mejor que los de la tuya propia.

Esa mansión modernista que simboliza libertad y prisión forma parte, como la fascinación de la familia rica con todo lo procedente de EE UU, de la miriada de marcadores de clase –de la ropa y apariencia física a la entonación del idioma y la forma de trato– que aferran el contrato social. Y lo hacen con manos de estrangulador, ahogando pero sin cortar la respiración para seguir parasitando.

El ascensor social va para abajo, pero el cine de Bong siempre sube.

SINOPSIS:

Dos familias. Dos mundos totalmente diferentes. Una llena de lujos, otra de precariedad. Cuando Gi Taek comienza a dar clases particulares en la casa de Park, los miembros de ambas estirpes comenzarán a tener una cercana e imprevisible relación.

Parásitos

FICHA TÉCNICA

GÉNERO: ,

DIRECTOR:

REPARTO:

GUIÓN: , ,

PAIS: Corea del Sur

DURACIÓN: 132 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: La Aventura Audiovisual

ESTRENO: 25 de Octubre de 2019