CRÍTICA

National Gallery

8

Por
16 de marzo de 2015

Cuando se va a un gran museo hay por lo general dos maneras de afrontar la visita. La del que se conforma con ver unas pocas obras escogidas con mayor detenimiento, deleitándose en cada una de ellas, o la del que prefiere llevarse una visión general y extensiva de la colección que acoge. Para Frederick Wiseman, documentalista con medio siglo de filmografía a cuestas, cineasta entregado a la misión de capturar la esencia de espacios emblemáticos, ambas actitudes son claramente insuficientes cuando se trata de un lugar como la National Gallery londinense. ¿Por qué fijarse exclusivamente en sus cuadros cuando suceden tantas cosas en despachos, aulas, talleres, juntas…? A lo largo de sus casi tres horas de duración, apasionantes en su gran mayoría, hay tiempo para exponer farragosas discusiones sobre presupuestos anuales, glosar las bondades del marco de ébano y hasta de descubrir un Rembrandt oculto bajo una de sus obras. Pero lo que transmite National Gallery es ante todo una contagiosa y sincera pasión por el arte. Sirve como reivindicación de la cultura en tiempos de recortes y proporciona argumentos valiosísimos para apreciar su papel fundamental en la sociedad. “Cada cuadro es una historia”, afirma un guía entusiasta a un grupo de niños. “¡Y este sitio tiene historias distintas para todos!”, exclama a continuación. Tan sólo hay que pasear por sus salas y encontrar una a la que engancharse, algo que Wiseman logra con una pureza y audacia encomiables.

Cuando se va a un gran museo hay por lo general dos maneras de afrontar la visita. La del que se conforma con ver unas pocas obras escogidas con mayor detenimiento, deleitándose en cada una de ellas, o la del que prefiere llevarse una visión general y extensiva de la colección que acoge. Para Frederick Wiseman, documentalista con medio siglo de filmografía a cuestas, cineasta entregado a la misión de capturar la esencia de espacios emblemáticos, ambas actitudes son claramente insuficientes cuando se trata de un lugar como la National Gallery londinense. ¿Por qué fijarse exclusivamente en sus cuadros cuando suceden tantas cosas en despachos, aulas, talleres, juntas…?

A lo largo de sus casi tres horas de duración, apasionantes en su gran mayoría, hay tiempo para exponer farragosas discusiones sobre presupuestos anuales, glosar las bondades del marco de ébano y hasta de descubrir un Rembrandt oculto bajo una de sus obras. Pero lo que transmite National Gallery es ante todo una contagiosa y sincera pasión por el arte. Sirve como reivindicación de la cultura en tiempos de recortes y proporciona argumentos valiosísimos para apreciar su papel fundamental en la sociedad. “Cada cuadro es una historia”, afirma un guía entusiasta a un grupo de niños. “¡Y este sitio tiene historias distintas para todos!”, exclama a continuación. Tan sólo hay que pasear por sus salas y encontrar una a la que engancharse, algo que Wiseman logra con una pureza y audacia encomiables.

Visita guiada por uno de los mejores museos del mundo.

SINOPSIS:

Un viaje al corazón del museo londinense poblado de obras maestras de la pintura occidental desde la Edad Media al siglo XIX. El retrato de una institución, su funcionamiento, su público, sus agentes y, por encima de todo, sus cuadros. La esencia de todo.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO:

GUIÓN:

PAIS:

DURACIÓN: 180

EDAD RECOMENDADA: PC

DISTRIBUIDORA: SURTSEY

ESTRENO: 19 de Marzo de 2015

ETIQUETAS:

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