CRÍTICA

Monos

10

Por
18 de febrero de 2020

PERO SU ALMA estaba desquiciada. A solas en esa selva, había mirado dentro de sí mismo, y ¡por todos los cielos!, había enloquecido”, escribió Joseph Conrad en El corazón de las tinieblas tras su descenso del río Congo. Desde entonces, como dejó bien claro Apocalypse Now, Kurtz se ha convertido en la metáfora de todo el horror del que el ser humano es capaz, sin importar dónde sea la guerra o por qué motivó comenzase. Era cuestión de tiempo que Colombia, país que del tema sabe un rato, hiciese su propia versión de esta bajada a los selváticos infiernos. Y eso, y muy bien hecho, es Monos, tercera película de Alejandro Landes que se estrena aquí tras su exitoso paso por Sundance, Berlín y San Sebastián.

Monos arranca en lo alto de una montaña, entre riscos y barro, donde una guerrilla de adolescentes custodian y torturan a una doctora (Julianne Nicholson) secuestrada por la Organización. En esta primera parte de la película, de calado antropológico e intenciones que recuerdan a ¿Quién puede matar a un niño? y, por supuesto, a El señor de las moscas, Landes no especifica por qué está presa la doctora ni a qué organización pertenecen los chicos. Más bien, se dedica a presentarlos –el andrógino Rambo (Sofia Buenaventura), Lobo (Julián Giraldo) y su prometida Lady (Karen Quintero), los chicos Boom Boom, Pitufo y Perro, la Sueca (Laura Castrillón), Patagrande (Moisés Arias) y la vaca Shakira– mientras retrata la rápida degeneración de su misión, entre armas, alcohol, sexualidad líquida y hormonas de adolescencia. La doctora, víctima y figura maternal de los chicos, sirve de baremo para medir el grado de enajenación del grupo al ser la única adulta, pero, teniendo en cuenta cómo la vemos perder la chaveta en un par de ocasiones, tampoco es decir mucho.

Es entonces, cuando las cosas han llegado demasiado lejos en esta microsociedad depravada, cuando la cinta de Landes alcanza sus cotas más altas en lo cinematográfico. Empezando por una preciosa elipsis y continuando por un clásico de este género, la selva como refugio, huida y perdición última. Allí, en ese paisaje paradisíaco de folleto de agencia de viajes, los monos se desgajan de la Organización a la que pertenecieron, forman su propia célula, eligen a un líder y se adueñan para siempre de su prisionera en un brote de locura que evidencia lo arbitrario de las guerras, sus jerarquías y bandos. Pero lo fantástico de Monos es cómo Landes cuenta esta pérdida de humanidad a través de una secuencia de montaje que nunca renuncia a lo pictórico y a lo espectacular.

Todo apunta en Monos hacia un único lugar, como en el río Congo, hacia el salvajismo, hacia la locura, sobre todo cuando –brillante plano final– dejamos de saber quién es secuestrador y quién secuestrado; en definitiva, quién es bueno y quién es malo. Prueba de ello es la música de Mica Levi: truenos, sintetizadores,
tambores y vientos de orquesta, una mezcla de timbres ilusionantes y aniñados con graves nefastos. O la mirada de Landes a la violencia, siempre más perversa que si fuera explícita. Esa sutileza con la que va convirtiendo el terror en una experiencia cinematográfica sublime, como un viaje alucinógeno en medio de la guerra. El resultado es horroroso y a la vez bello. Sin duda, una paradoja.

Un viaje alucinógeno en medio de la guerra. Horroroso y bello.

SINOPSIS:

Ocho niños guerrilleros, apodados 'Los Monos', viven en un campamento en la cima de una montaña, bajo el mandato de un sargento paramilitar. Su única misión es la de cuidar a la doctora, una mujer americana que ha sido tomada como rehén. Cuando la misión se complica, la confianza entre todos empezará a ponerse en duda.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO: ,

DIRECTOR:

REPARTO: , , ,

GUIÓN:

PAIS: Colombia

DURACIÓN: 102 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: BTeam Pictures

ESTRENO: 21 de Febrero de 2020