CRÍTICA

Mi gran pequeña granja

6

Por
29 de enero de 2020

En una escena de Mi gran pequeña granja, John Chester muestra a una oveja que se acaba de quedar huérfana mientras su voz en off nos cuenta que su amigo y mentor Alan York acaba de morir de cáncer. Es una secuencia en la que ambos mundos coexisten: el del director y el de su granja. Chester parece querer expresar a través de ese animal que busca cobijo en el rebaño la soledad que experimentan en ese momento él y su mujer Molly. Es parte de la magia de un documental que sigue a esta pareja después de que se mude al norte de Los Ángeles a cultivar.

Este trabajo, por momentos preciosista y bucólico, casi sacado de National Geographic, por otros rudimentario, mezcla de vídeos caseros e ilustraciones animadas, cuenta la experiencia de los Chester al embarcarse en un proyecto tan atípico como este. Y lo hace sobre todo a través de sus animales, quedándose él y Molly a menudo fuera de cámara como meros narradores mientras los primeros planos reposados de un caracol que trepa por un tronco, una gallina herida, los ojos de su perro Todd o el hocico de una cerda que da a luz cuentan con imágenes. El experimento, tanto en la granja como tras la cámara, deviene en una tierna reflexión a modo de fábula sobre la indomabilidad de la naturaleza, la superación personal, la perseverancia y, a fin de cuentas, la búsqueda de la felicidad soñada en tiempos de sequías, sacrificios y ataques de coyotes.

Una granja como metáfora del crecimiento y la búsqueda de la felicidad.

SINOPSIS:

Documental que cuenta la historia del cineasta John Chester y su mujer, la chef Molly Chester, que en 2011 decidieron dejar su vida en la ciudad para mudarse al campo, decididos a dedicar su vida a una granja.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO:

GUIÓN:

PAIS: Estados Unidos

DURACIÓN: 92 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: Festival Films

ESTRENO: 31 de Enero de 2020

ETIQUETAS:

, ,