CRÍTICA

Me llamo Violeta

7

Por
25 de junio de 2019

Hay películas, pocas, que se deben hacer, que no hay más remedio. Hay personas cuyas historias deben contarse. Así, llanamente. Y entonces, historias y películas se encuentran, se entienden, se funden. Me llamo Violeta es uno de estos casos. El documental de David Fernández de Castro y Marc Parramon da cuenta de la historia de Ignacio, que un día les dijo a sus padres que se llamaba Violeta y era una niña. Da cuenta de ello y de mucho más. De otras historias parecidas, de personas que deciden vivir como sienten para ser como son. En el mundo en que vivimos, pura locura, egoísmo enfebrecido, es sano mentalizarnos de realidades fronterizas, incorporarlas al magín no ya de la tolerancia –que puede resultar paternalista– sino de la necesaria normalidad. De esto trata Me llamo Violeta, lo retrata con talento y generosidad. Hay intangibles, siempre tan valiosos, como la presencia de Nacho Vidal –el padre de Violeta– chocante, emotivo, humano. Escucharle a él y a todos los que intervienen en el filme es un antídoto contra la comodidad de quien pontifica sin tener ni idea de lo que habla, contra tanto ultra ignorante regurgitado de las heces de tanta ideología putrefacta. De esto trata también la película, del tiempo de intolerancia e ignorancia en el que vivimos. Estas otras películas se le ocurren a uno mientras la ve. Y la disfruta.

Historia de realización personal, de afirmación, de normalidad.

SINOPSIS:

La historia comienza cuando Ignacio les dice a sus padres que es una niña y se llama Violeta. El documental narra la historia del joven y sus padres, así como de otras familias, en el tránsito de los niños y niñas transgénero.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO: ,

DIRECTOR: ,

REPARTO:

GUIÓN:

PAIS: Estados Unidos

DURACIÓN: 73 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: MediaPro

ESTRENO: 28 de Junio de 2019