CRÍTICA

Maravillas en Montfermeil

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Por
13 de mayo de 2020

En su currículum aparecen cineastas tan esenciales de los últimos tiempos como Raoul Ruiz, Olivier Assayas o Jacquer Rivette, del que fue colaboradora habitual en la última parte de su filmografía. Y entre sus films más recientes figuran su magistral trabajo en Barbara (2017), de Mathieu Amalric, o Memoria (2020), la última película de Apichatpong Weerasethakul aún sin estrenar. Por todas estas obras, y por muchas más, Jeanne Balibar puede ser considerada una de las grandes actrices del cine en Francia -país donde se disfruta concediendo este tipo de distenciones honorarias-, a la altura de Isabelle Huppert o de Catherine Deneuve.

Junto a Pierré Léon debutó como directora en 2013 con Par exemple, Electre, en la que tomaban como pretexto el propio oficio de la interpretación y los motivos de la representación de arquetipos dramáticos, en este caso la figura de Electra. Ahora en solitario, y asumiendo también la condición de guionista, su mirada enfoca hacia un presente distópico, por así denominarlo, en Maravillas en Montfermeil, que se desarrolla en la localidad a la que alude el título. Un lugar real, cercano a París, que Balibar reinventa (y reinterpreta) como una ciudad regida por unas reglas fuera de lo común y por una alcaldesa y su corporación municipal que priman la tolerancia y la solidaridad como valores esenciales.

En la junta municipal, los políticos de Montfermeil promueven innovadoras leyes que votan junto a sus vecinos. Como que la siesta sea un derecho social, la creación de un departamento para la asistencia y la satisfacción sexual o la celebración del día del kimono. Y, sobre todo, una escuela de idiomas en la que se puedan aprender más de 60 idiomas, como ejemplo de acercamiento al prójimo y también como impulso revolucionario del sistema educativo. Entre agradecidas exageraciones y un tono ligero aunque afilado, Balibar va sentando los cimientos de su relato, que se despliega finalmente en tono de fábula social, con un entonado subrayado de fábula política y sin olvidarse de la necesaria trama sentimental.

La fórmula coral permite además a la cineasta disponer sobre el imaginario tablero que monta en las calles de esta ciudad las piezas de un juego a las que dan vida algunos de los grandes actores del cine francés actual. Además de ella misma, el reparto cuenta con Emmanuel Béart, en el papel de la excéntrica alcaldesa, Mathieu Amalric, Ramzy Bedia o la maravillosa veterana Bulle Ogier, una institución del cine de autor europeo. Todos ellos asumen la necesidad de encajar con esa melodía naif con la que está acompasada la película, que al final acaba convertida en un dardo con una carga crítica que apunta hacia los males de la sociedad en la que vivimos. Unos males que pueden quedar al descubierto de un día a otro. Sin que casi nos demos cuenta.

Fabula política de contagioso encanto cinematográfico y sentido crítico, que permite disfrutar de algunos de los mejores intérpretes del cine francés contemporáneo.

SINOPSIS:

La alcaldía de Montfermeil es única en toda Francia. Sus normas se rigen por la solidaridad y las innovadoras legislaciones, que hacen que los vecinos disfruten de un departamento de satisfacción sexual o de celebraciones como el día del kimono. ¿Su último proyecto? Crear una escuela de idiomas en la que se aprendan más de 60 idiomas.

FICHA TÉCNICA

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DIRECTOR:

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GUIÓN:

PAIS: Francia

DURACIÓN: 109 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA:

ESTRENO: 13 de Mayo de 2020