CRÍTICA

Los tres reyes malos

7

Por
16 de noviembre de 2015

Ya desde su título español, desastroso a un nivel descorazonador, queda claro que los distribuidores de Los tres reyes malos no tienen mucho interés en distinguir los méritos concretos de esta comedia navideña protagonizada por Joseph Gordon-Levitt, Seth Rogen y Anthony Mackie. Prefieren relegarla al etiquetado automático de humor inmaduro, machocéntrico y perecedero con el que se suele despachar las películas de Rogen, Evan Goldberg y su pandilla de bros, a pesar de que lleven casi un decenio dando forma a un valioso retrato generacional sobre las ansiedades, evasivas, luces y sombras del traumático crecimiento de los machos beta en la sociedad occidental actual. Un camino paralelo al de las películas de Judd Apatow, pero más comprometido con la comedia como fin en sí misma que su melancólico alma máter.

Los tres reyes malos, bajo dirección de Jonathan Levine –quien se reúne con los protagonistas de su mejor película, 50/50 (2011), esquivada en España–, supera tanto esos prejuicios como las habituales flacideces del cine de corte navideño, con la dañina Love Actually (Richard Curtis, 2003) a la cabeza. Su esquema argumental de todo-en-una-noche sigue la historia de tres amigos que mantienen la tradición de celebrar juntos la noche anterior a Navidad desde que uno de ellos (Gordon-Levitt) quedó huérfano en esas fechas. Sin embargo, a medida que el trío ha crecido y tomado distintos caminos en la vida adquiriendo otras responsabilidades, la fiesta anual se ha ido desinflando sin que nunca hayan logrado asistir al mítico baile del Cascanueces que, presentado en un desopilante prólogo en verso, promete ser la madre de todos los cotillones navideños. Este año será su última oportunidad para el desmadre sin ataduras y deciden aprovecharla.

Si esa parece la excusa para una concatenación de secuencias de desparrame, alucinaciones con estupefacientes, chistes groseros y cameos de famosos autoparodiándose, la intuición no falla, porque para eso hemos venido a divertirnos con una reformulación de Cuento de Navidad mezclada con todas las referencias posibles al cine navideño o colindante –de Solo en casa Big Jungla de cristal–. Pero lo importante está bajo la superficie: en este caso, además de la inevitable moraleja sobre la fortaleza de la amistad y su evolución a lo largo de la vida, un tratamiento de honestidad frontal contra los clichés sentimentales que, como el turrón, se dejan ver más durante estos días. En Los tres reyes malos hay al menos dos subtramas que traicionan sus premisas para darles un baño de realidad y empatía, sobre todo mostrando a los personajes femeninos como seres humanos en vez de resortes de guión. La respuesta de Lizzy Caplan al gran gesto, consecuencia del amor entendido como espectacularización, que realiza Gordon-Levitt para intentar recuperarla o la de Jillian Bell tras ver el vídeo comprometedor que Rogen, el futuro padre de su hijo, grabó drogado son el mejor antídoto para toneladas de comedias románticas más crispantes que tres colegas con jerseys chillones borrachos en un karaoke. Y menos veraces.

Por fin un revulsivo contra la hipocresía navideña de 'Love Actually' y compañía que funciona.

SINOPSIS:

La película gira en torno a tres grandes amigos de la infancia que, como cada año, se reencuentran en Nueva York para su tradicional celebración del día de Nochebuena.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO:

GUIÓN:

PAIS: Estados Unidos

DURACIÓN: N/A

EDAD RECOMENDADA: na

DISTRIBUIDORA: Sony Pictures (es)

ESTRENO: 04 de Diciembre de 2015

ETIQUETAS:

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