CRÍTICA

Las vidas de Marona

8

Por
24 de junio de 2020

La capacidad de sorprender e innovar de la más reciente animación europea parece no tener fin y, como espectadores, nos haríamos un favor como pocos si prestáramos más atención y más espacio en las salas de cine y en las ventanas de exhibición al talento que brota del viejo continente. El último ejemplo es Las vidas de Marona, el nuevo filme de la cineasta rumana Anca Damian, un bellísimo homenaje a su mascota, a la que en su día salvó de la muerte, y un formidable ejercicio de libertad cinematográfica y profundo humanismo.

Pensada como un largo ejercicio de memoria, la perrilla protagonista recuerda a los diferentes dueños y compañeros con los que se ha topado en su vida, y la estructura cíclica del largometraje sirve no solo para entender cómo Marona ha llegado a ser quien es, sino también para incidir en los diferentes ritmos de la vida, en un tipo de relato que evoca el clásico viaje del héroe. Y, por supuesto, a cada dueño, su particular plástica; y, en eso, Damian es un derroche de generosidad creativa –del collage al 3D y otras técnicas mixtas– y en su trazo fulgurante y vivo, realizado con ayuda del artista belga Brecht Evens, se invoca a Marc Chagall, Picasso, Kandinsky y otros ilustres de la vanguardia del siglo XX. El viaje sensorial que propone Las vidas de Marona sin duda se impone a la reflexión sobre cuán diferentes los humanos somos entre nosotros, pero, ¿cómo no resistirse a disfrutar de los colores del mundo tal y como los ve esta adorable labradora mestiza?

Perrilla busca casa y nosotros damos con otra joya animada.

SINOPSIS:

Tras un accidente, una perrita recuerda los diferentes amos que ha tenido a lo largo de su vida. Marona ha llenado de alegría todos los hogares por los que ha pasado, y eso nunca se olvida.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO:

GUIÓN:

PAIS: Francia

DURACIÓN: 92 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: Pack Magic

ESTRENO: 26 de Junio de 2020