CRÍTICA

Las golondrinas de Kabul

7

Por
18 de febrero de 2020

Una de las cosas que más sorprenden de Las golondrinas de Kabul, adaptación de la novela de Yasmina Kadra, es cómo sus colores suaves de acuarela distan de evocar suavidad o dulzura. Todo lo contrario: iluminado de esa manera, este retrato del Afganistán de los talibanes transmite una impresión de frío reseco que recuerda (salvando las distancias) a esas tardes del invierno de Madrid en las que la luz del sol transmite un helor mineral en lugar de tibieza. Algo muy adecuado, porque los personajes de la película parecen todos congelados por dentro, unos debido a su falta de empatía o decencia y otros porque la situación horrible en la que viven les ha privado de toda esperanza.

De este modo, la historia (que no deja de ser un cuento sentimental con ecos de Historia de dos ciudades) va cobrando una cualidad casi de pesadilla: a diferencia de Kandahar, un filme en el que aquella dictadura se mostraba desde el punto de vista de una extraña y por tanto encadenaba un espanto surreal tras otro, aquí los tabúes absurdos, los actos de violencia y las ejecuciones (lo mejor para poner a tono al público antes de un partido de fútbol) se ven como partes de la vida cotidiana.

Asimismo, dados los titulares, resulta conmovedor que se nos recuerde (durante la primera media hora) cómo una de las medidas de los fanáticos para dominar la sociedad afgana fue demoler su sistema educativo. Por nuestro bien, tomemos nota.

Una severa acuarela del Afganistán más fanático.

SINOPSIS:

En verano de 1998, Kabul (Afganistán) es una ciudad en ruinas ocupada por los talibanes. Mohsen y Zunaira son dos adolescentes que viven un intenso amor en mitad de este complicado contexto. Sin embargo, una mala jugada de Mohsen hará que la vida de ambos cambie para siempre.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO: ,

DIRECTOR:

REPARTO:

GUIÓN:

PAIS: Francia, Luxemburgo, Suiza

DURACIÓN: 80 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: Nightdrive

ESTRENO: 21 de Febrero de 2020

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