CRÍTICA

Las distancias

8

Por
23 de agosto de 2018

Sin  quererlo, el indie español se ha convertido en la mejor metáfora de la generación treintañera. ¿Quién nos iba a decir, allá por los dosmil y poco, mientras cantábamos Promesas que no valen nada en multitudinarios conciertos de Los Piratas y pensábamos que el futuro era nuestro, quizás demasiado ofuscados en desentrañar sus intrincadas rimas, que la realidad que nos esperaba al terminar la facultad era, con perdón, una hostia tremenda? Han pasado ya algunos años desde que vimos cómo nuestras aspiraciones se desvanecían como lágrimas en la lluvia y, aunque la crisis ha pasado, conscientes de que nuestro tiempo también lo ha hecho, solo nos da para refugiarnos del macarrismo del trap y de la vida en efervescentes festivales, haciendo que todo sigue igual aunque el suelo se derrumbe y haya cadáveres en los escenarios.

Las distancias, segunda película de Elena Trapé tras la prometedora Blog, habla precisamente de esto, de Olivia, Eloy, Guille y Anna, cuatro compañeros de la universidad que viajan a Berlín para ver a Comas, un quinto amigo. Y, he aquí el primer hallazgo del filme, que, a raiz del frío recibimiento de este, traiciona radicalmente las expectativas del espectador como si fuesen las de la pandilla protagonista. Es decir, lo que en un principio se anuncia como una comedia amable con sencillos planos y contraplanos de conversaciones nostálgicas en el salón o travellings alrededor de la mesa del comedor, poco a poco, se va revelando como un filme crudo, descarnado, entre el thriller y el drama que, también entre gélidas temperaturas, suele concebir Haneke. Berlín, sin duda, es un elemento clave en la creación de esa atmósfera progresivamente opresiva, sus luces bajas, los techos altos del apartamento de Comas, donde sus amigos esperan tras su repentina marcha, el frío que empaña sus ventanas viejas de piso de renta antigua. La planificación, en cuidados planos secuencia que miman los distintos puntos de vista de la cinta, consigue que no se nos escape ninguno de los pensamientos de los personajes perfilados hasta el último detalle. Ese es otro de los logros de Las distancias, que a través de este seguimiento silencioso, consigue que empaticemos con todos los miembros de la cuadrilla a pesar de su drama de cancionero indie. Con Guille, el amigo que ha tenido que volver a casa de sus padres; con Anna, que no puede más con Eloy; con Comas, por supuesto, al que no le ha venido nada bien la visita de sus amigos en un periodo de su vida en el que se siente un completo fracasado; y, sobre todo, con el mejor personaje de la película, Olivia.

Cabe preguntarse de quién es el mérito de que la amiga embarazada que es incapaz de ocultar el miedo que tiene se apodere de la película. Puede que en sus diálogos, en el guion, estuviesen ya los ingredientes que hacen que el espectador la elija a ella como cicerone de la frustación y el desencanto de sus amigos, pero habría que estar ciego para no ver que el trabajo de Alexandra Jiménez –un despliegue de su talento que toca todos los palos, desde el drama hasta el humor absurdo–, tiene mucho que ver en ello.

Es al cine lo que una canción del indie español. Melodías alegres y letras crudas para hablar de nuestros desengaños generacionales.

SINOPSIS:

Olivia, Eloy, Guille y Anna viajan a Berlín para visitar por sorpresa a su amigo Comas que cumple 35 años. Este no los recibe como ellos esperaban y durante el fin de semana sus contradicciones afloran y la amistad se pone a prueba. Juntos descubrirán que el tiempo y la distancia pueden cambiarlo todo.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO: , , , ,

GUIÓN:

PAIS: España

DURACIÓN: 100 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: Sherlock

ESTRENO: 07 de Septiembre de 2018

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