CRÍTICA

Las Brujas de Zugarramurdi

8

Por
27 de septiembre de 2013

El cine español (cualquier comparación con un cementerio es pura coincidencia) está lleno de  valientes, pero incluso en el riesgo hay clases: ninguno se la juega tan a lo grande como Álex de la Iglesia. Abarcador nato, cineasta expansivo que tiende a ocupar el mayor espacio creativo posible aun a riesgo de caer con todo el equipo, vive de grandes victorias o estrepitosas derrotas. Tanto que a veces parece que no es únicamente un director, que Álex de la Iglesia es en sí mismo una industria (pesada), que él solo mantiene, cual Iwo Jima cinematográfico, la bandera de una fiesta que se resiste a morir. No hay término medio. Es el único que continúa dando espectáculo en nuestro cine.

Zugarramurdi recorre el camino inverso de El día de la bestia, la película que le aupó. Si el curilla de Álex Angulo viajaba desde lo vasco a lo castizo en busca del diablo, ahora los protagonistas (la pareja Hugo Silva-Mario Casas funciona de miedo) de este viaje lleno de simbolismos escapan desde el Oso y el Madroño de la mismísima Puerta del Sol (lástima no haber podido rodar allí sin limitaciones) para llegar a uno de los paisajes de la iconografía vasca, allá en el norte de Navarra, en las cuevas de Zugarramurdi, donde la Inquisición procesó por brujería a varias mujeres en 1610. La querencia por los espacios emblemáticos que jalona su carrera vuelve a enmarcar una aventura bestial que, sin embargo, a diferencia de sus últimas producciones logra articular la desmesura hasta lo razonable. Locura con cabeza, deberíamos decir, porque es a partir de esas uniones de opuestos que parecen imposibles (lo masculino y lo femenino, sin ir más lejos) como se lanza esta carrera que comienza como road movie a tiros y continúa sintiéndose cómoda danzando al ritmo cachondo-tenebroso de El baile de los vampiros hasta estallar en una guerra de sexos imparable, que termina por todo lo alto, a pesar de una coda poco convincente, anticlimática tras el sorpresón final, que trata de cerrar un círculo (o lauburu) imposible.

Más logros antagónicos: maestro en la mezcla de lo culto con lo popular, De la Iglesia trabaja los referentes desde los créditos (colosales, como acostumbra) hasta los diálogos, que chispean como no recordábamos desde La comunidad, filme al que remite todo el embrollo de caserío al estilo casa encantada. No es éste un intento de hacer un filme femenino en lo estético ni en lo pasional, pero el poderío de la mujer está absolutamente subrayado, desde las curvas arqueológicas milenarias hasta el reparto (espléndida terna de brujas) pasando por esa especie de (certerísima) confesión de parte: los hombres, aunque simpáticos para un rato, somos gilipollas. Lo vasco también se lleva lo suyo, con el matriarcado en todo lo alto, desde la dificultad pagafantista de ligar al poder de la gastronomía (esa cena llena de cameos sabe a poco, y más desde que vimos el estiradísimo ágape de Django desencadenado). Pero resulta que ese euskosustrato acaba combinando también perfectamente con la España negra, la de Goya y sus monstruos del sueño de la razón, sí, pero también la de Gutiérrez Solana. Ambos enlazan la miseria moral con el demonio. Como el que entra en un ‘Compro Oro’ y sale disparado al mismísimo infierno en la España en crisis de hoy. Eso también es espectáculo.

 

VEREDICTO: La película más redonda del bilbaíno. Cuidado con las curvas.

SINOPSIS:

Un grupo de atracadores escapa de Madrid con el botín de un asalto y va a parar a un bosque de Navarra donde se reúne un aquelarre de brujas muy interesadas en lo que llevan encima.

Las Brujas de Zugarramurdi

Comedia / España / 2013 / Dir: Álex de la Iglesia / Reparto: Hugo Silva, Mario Casas, Pepón Nieto, Carolina Bang, Terele Pávez, Jaime Ordoñez, Carmen Maura, Secun de la Rosa, Macarena Gómez / Guión: Álex de la Iglesia, Jorge Guerricaechevarría

ESTRENO: 27 de Septiembre de 2013

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