CRÍTICA

Las aventuras de Peabody y Sherman

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07 de marzo de 2014

La Historia (con mayúscula) con diversión entra. Lo aprendimos con Astérix y Obélix, curiosamente, publicados el mismo año, 1959, que Mr. Peabody y Sherman, aparecidos por primera vez en unos sketches titulados La improbable Historia de Peabody. Tan improbable y divertido como que Peabody, un perro (una excusa perfecta para el slapstick), es el ser más inteligente del planeta. Premio Nobel, multimillonario, medallista olímpico, decide adoptar a un niño para llenar su único vacío: la familia y el cariño. Sherman es ese niño para el que inventa una máquina del tiempo que usan sólo con fines didácticos, para conocer la Historia cuando ocurrió: dentro del caballo de Troya, con María Antonieta en la Revolución Francesa o en mitad de la crisis de Da Vinci intentando sacar a Mona Lisa su enigmática sonrisa (una de las secuencias más ocurrentes, ¡este Da Vinci está loco!). Porque así es mucho más divertido de aprender (no es rigurosa, y qué). Pero también de contar. Rob Minkoff (El rey león) lo sabe y, aunque sigue demasiado la estructura por sketches de la original (con algunos brillantes para niños y no tan niños), ha encontrado en la Historia la mejor manera de contar su historia: la de un padre y un hijo aprendiendo a adaptarse a viajar en su propio tiempo. 

 

VEREDICTO: La Historia con Peabody entra. Al menos es más divertida.

SINOPSIS:

El perro más listo del mundo y su niño mascota viven grandes aventuras gracias a una máquina del tiempo que les permite visitar remotas épocas históricas, como el Antiguo Egipto, aunque todo viaje siempre tiene unas consecuencias.

Las aventuras de Peabody y Sherman

[Mr. Peabody & Sherman] Animación / EE UU / 2014 / Dir: Rob Minkoff / Guión: Craig Wright

ESTRENO: 07 de Marzo de 2014

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