CRÍTICA

La ley del mercado

7

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04 de febrero de 2016

En la segunda secuencia de La ley del mercado, Thierry, el personaje de Vincent Lindon, le espeta a uno de sus compañeros de sindicato: “Para tirar adelante, necesito olvidar. ¿Me convierte eso en un cobarde?”. Thierry, en efecto, necesita dejar atrás que es un parado de unos 50 años con pocas posibilidades de reciclarse en el cada vez más angosto mercado laboral. Es esa salvaje ley de la compraventa que rige con más poder nuestra sociedad desde que el capitalismo se refundara (a peor, se entiende) cuando la crisis llegó a nuestras vidas para no marcharse. Gran elección la de Lindon como rostro de la masa trabajadora afectada por los recortes, no sólo porque su presencia es capaz de desbordar un primer plano de varios minutos gracias a su espléndido naturalismo interpretativo, sino porque en sus gestos adivinamos el cansancio de los antihéroes silenciosos (vale la pena recuperarle en Los canallas, de Claire Denis). Callado, que no mudo, le vemos en el segundo tramo del filme de Stéphane Brizé, empleado en un supermercado como guardia de seguridad donde pondrá a prueba su ética. Aunque en esta parte la historia se va por terrenos tremendistas, sobre todo hacia el final de la película, el cineasta consigue captar con rigor el ambiente represivo de lugares de consumo como los supermercados, que denuncian tótems como Harun Farocki. La tesis final es tan sencilla como devastadora: la ley del mercado no es más que un terrible sistema de vigilancia y castigo.

La verdadera lucha social enfrenta ética contra opresión laboral.

SINOPSIS:

A los 51 años, después de pasar 20 meses en paro, Thierry encuentra un trabajo que no tarda en enfrentarle a un dilema moral. Para evitar que le despidan, ¿debe aceptarlo todo?

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO:

GUIÓN: ,

PAIS: Francia

DURACIÓN: 93 min.

EDAD RECOMENDADA: na

DISTRIBUIDORA: Golem

ESTRENO: 12 de Febrero de 2016