CRÍTICA

La cinta blanca

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15 de enero de 2010

Casi daba miedo. Hasta hoy, el nombre de Michael Haneke estaba por encima de sus extraordinarias películas. Era el sello Haneke. Su barba y su jeta de druida con pócimas secretas lo decía todo, el hombre precedía a su obra, por buena que fuera, que lo era. Sólo con mentarlo, dejaba de crecer la hierba alrededor de los cines. Pero, ay, La cinta blanca se ha emancipado, se ha rebelado ante su propio creador. Y va a pasar a la historia como una obra maestra de una consistencia superior, de un calado descomunal, una película que justifica, y a la vez da un sentido definitivo, renovado, a una carrera. Por sí sola.

Y eso que la fórmula tiene tres importantes reducciones: sí, La cinta blanca es menos violenta (y por ello menos aparentemente provocativa), es menos “de autor” en términos narrativos, y es el menos afrancesado de sus filmes (incluido Funny Games USA, aunque sólo sea porque el golfista Michael Pitt estaba en Soñadores). Cómo un planteamiento tan sencillo lleva a una reflexión tan honda es la clave de esta película que descubre a fuego lento por qué Alemania conoció la ascensión del nazismo, la institucionalización del horror, como si de un juego de niños se tratase. Como si El pueblo de los malditos cambiase aquellos ojazos por camisas pardas.

A su voluntad ensayística sobre el origen de la violencia se le añade aquí el virtuosismo estético de un nuevo Haneke, casi de composición pictórica, defendiendo el blanco y negro (a la luz del día, cegadora, la de Sólo ante el peligro) como la opción más realista para una historia ambientada en 1913 (lógico: todas las imágenes que tenemos de esa época son en blanco y negro), algo a lo que no nos tenía acostumbrados en su siempre durísimo cine anterior. La cinta blanca es también demoledora, pero adquiere un sesgo poético, en el alambre entre un filme de la etapa dreyeriana de Bergman y la dureza del Lars von Trier de Manderlay. Como en Caché, nunca se ve al culpable de los sucesos que asolan una aldea del Norte de Alemania. Todo está sugerido, como en el cuadro American Gothic, de Grant Wood. Algo pasa por debajo de lo que vemos, entre brumas, en una nebulosa a medio camino entre un sueño y la realidad marcada por la férrea educación protestante, a la que se llega  de manos de un narrador que no habla de realidades absolutas sino de recuerdos. ¿Pasaban estas cosas sólo en Alemania? Es la única pregunta que deja Haneke sin responder. Pero lo hace por una causa noble: quiere devolver al espectador la imaginación que el cine nos roba. Como en la literatura, busca darle al espectador la libertad perdida, trabajar por un cine en el que las respuestas, entre zarpazos, las encontremos nosotros mismos.

CARLOS MARAÑÓN

SINOPSIS:

Una serie de catastróficas desdichas está asolando una aldea del Norte de Alemania. Pero nadie sabe quién es el responsable…

La cinta blanca

[DAS WEISSE BAND] DRAMA / ALEMANIA, AUSTRIA, FRANCIA / 2009 / 145 MIN. / GOLEM. DIRECTOR: MICHAEL HANEKE ACTORES: ULRICH TUKUR, CHRISTIAN FRIEDEL, ERNST JACOBI GUIÓN: MICHAEL HANEKE FOTOGRAFÍA: CHRISTIAN BERGER

ESTRENO: 15 de Enero de 2010

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