CRÍTICA

La caza

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Por
04 de agosto de 2020

El juego más peligroso, el seminal relato de Richard Connell sobre un aristócrata que se dedica a cazar en un macabro juego a los viajeros atrapados en su isla, ha sido objeto de numerosas adaptaciones y reinterpretaciones desde su publicación en 1924. Desde la clásica El malvado Zaroff (1932) hasta la protagonizada por Jean-Claude Van Damme –Blanco humano (1993)– o la inenarrable aportación española de Poppers (1984), todas han sido conscientes de las limitaciones de seguir una línea argumental tan sencilla (pero prometedora como situación amenazante) y se han centrado en explotar el juego del gato y el ratón. Blumhouse, en pleno subidón de terror eficaz con ropajes de sátira política estridente gracias al éxito de la saga The Purge: La noche de las bestias, cocinó esta penúltima revisión aportada por La caza en lo que quizás fuera una noche de bronca política tuitera, a juzgar por la dedicación aplicada al asunto por los guionistas Damon Lindelof y Nick Cuse y el director Craig Zobel.

Por lo tanto, el mayor aliciente de la cacería de esta La caza, tal cual dicta la fórmula entre víctimas no tan incautas como se suponía y una organización de chalados con el gatillo fácil y sed de sangre, se supone que es el resultado de un giro de tuerca sobre los prejuicios ideológicos. Es decir, contemplar a personas conservadoras y de derechas, republicanos con toda seguridad votantes de Trump, siendo las víctimas atrapadas y ejecutadas por un variopinto grupo de autoproclamados progres. Gente en principio pacífica tiroteando a defensores de la Asociación Nacional del Rifle. Ninguno de los personajes tiene características ajenas a la brocha gorda y la ridiculización, pero cuando se caricaturiza el veganismo y la preferencia por el lenguaje inclusivo al mismo nivel que el racismo o la homofobia igual el tufillo reaccionario empieza a parecerse demasiado al hedor a azufre de foros como 4chan o los RTs de quienes parapetan tras la burla indiscriminada inclinaciones mucho menos nobles.

En situaciones normales, La caza probablemente no habría pasado de chascarrillo adolescente, de mezcla de comentario social superficial con gore y violencia cafre en la línea de la The Belko Experiment (2016) que James Gunn escribió para Greg McLean mientras ambos hacían cosas mejores. Sin embargo, la película de Zobel (inencontrable en la realización pedestre y los colores pálidos de La caza el director de algunos de los mejores episodios de The Leftovers, también obra de Lindelof) tocó techo cuando enfurruñó a Donald Trump (poco mérito, la verdad) y eso le dio relevancia. ¿Lo bueno? Contemplar a la genial Betty Gilpin repartiendo estopa en una pelea endiablada contra Hilary Swank donde cualquiera de las dos, o los utensilios de cocina que las rodean, están muy por encima del resto del metraje empleado para llegar hasta ahí.

Sátira política de nivel adolescente para contentar los espejismos equidistantes del extremo centro.

SINOPSIS:

Un grupo de desconocidos despierta en medio de un bosque rodeados por armas. Pronto se darán cuenta de que son participantes forzosos en un juego de supervivencia organizado por sus captores, enemigos ideológicos.

FICHA TÉCNICA

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ESTRENO: 07 de Agosto de 2020