CRÍTICA

Keep the Lights On

8

Por
19 de julio de 2013

Hay cosas que pasan en la vida pero nunca en el cine. Esto se aprecia, sobre todo, en el sexo. En la ficción siempre es algo limpio, estilizado, acompasado y estético, pero en la realidad es más bien lo contrario. Por eso sorprende tanto ver en pantalla una escena de sexo entre dos hombres que se es interrumpida por un pequeño imprevisto fisiológico que no desvelamos por respeto. Aunque este no es más que uno de los muchos pequeños detalles que dan cuenta de la compleja construcción dramática y el grado de realismo desplegados por Ira Sachs en su cuarto trabajo tras el paso en falso dado con la convencional El juego del matrimonio.

Como si de un nieto gay de John Cassavetes se tratara, el cineasta nos cuenta una historia de amor homosexual a lo largo de los años con un prodigioso juego de elipsis que no veíamos desde Brokeback Mountain y un estilo heredero del cine underground; esto es, una fotografía granulada y una puesta en escena al servicio de los intérpretes. El actor danés Thure Lindhardt se convierte en su Gena Rowlands, desplegando un amplio abanico de matices ante el que es imposible no sentirse tocado. Finalmente, como en la reciente Weekend, el filme consigue trascender todas sus etiquetas para convertirse en una historia universal sobre dos personas que se quieren mucho pero que también se hacen mucho daño, en este caso por culpa de la adicción a las drogas de uno de ellos.

 

VEREDICTO: No hay montañas ni vaqueros, pero duele igual.

SINOPSIS:

El director de documentales Erik y el abogado Paul se encuentran casualmente pero pronto conectan y comienzan una relación. Tanto juntos como por separado son personas impulsivas, acostumbradas a las drogas y el sexo y a las que les gusta el riesgo.

Keep the Lights On

Drama / EE UU / 2012 / Dir: Ira Sachs / Reparto: Thure Lindhardt, Zachary Booth, Julianne Nicholson, Souleymane Sy Savane, Paprika Steen / Guión: Ira Sachs, Mauricio Zacharias

ESTRENO: 19 de Julio de 2013

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