CRÍTICA

Iron Man 3

7

Por
26 de abril de 2013

A primera vista, Iron Man 3 sería menos propiedad de Shane Black que la tercera entrega de una trilogía de éxito, definida por el respeto a los rasgos de estilo de sus dos predecesoras. Sin embargo, decir eso sería olvidar hasta qué punto se inspiró Jon Favreau en Black para perfilar a Tony Stark en primer lugar, y que pese a incluir más robots voladores que cualquiera de esas dos películas previas, Iron Man 3 es una película distinta por varios motivos.

De entrada porque aquí, por primera vez en la saga, nos encontramos con un héroe maltrecho y gastado, enfrentado a un villano impecablemente dedicado a sembrar el caos en un mundo azotado por los dilemas post-11/S, en el que en medio del maratón de Boston estallan bombas. ¿Es que este hombre de hierro se parece al caballero oscuro de Christopher Nolan? No es eso. En última instancia, las referencias al terrorismo de Al Qaeda –un barbudo líder con turbante en la cabeza, campos de entrenamiento en el desierto, amenazas suministradas en vídeo, bombas que explotan sobre falsos templos de la decadencia occidental– son sólo el medio para ofrecer poco más que un chiste. Y mientras Nolan es un autor encantado de conocerse que probablemente no estaría dispuesto a hacer adaptaciones de tebeos de no ser para convertirlas en epopeyas morales, Black es un tipo algo macarra demasiado agradecido por haber recibido esta nueva oportunidad de salvar su carrera como para dárselas de nada.  

En segundo lugar, esta vez Stark ya no es un playboy arrogante que se dedica a hacer el bien porque con la armadura de hierro va hecho un pincel. Es un hombre enamorado y que, por tanto, tiene algo muy valioso que proteger y mucho que perder. La ansiedad y el miedo son síntomas de su crisis de identidad, pero no los únicos. Su armadura lo traiciona, lo deja solo, y por momentos se convierte literalmente en una carga, un peso muerto. A la manera del Bond de Daniel Craig, pues, Tony Stark aparece en esta tercera entrega completamente transformado de mera figura de acción a personaje de carne y hueso cargado de equipaje emocional. Y, como el protagonista de Skyfall, en un mundo en el que las nuevas tecnologías y la ubicuidad de las pantallas proporcionan grandes posibilidades a los agentes del terrorismo global, decide combatir esa amenaza a la vieja usanza. Porque en realidad Iron Man 3 sí le pertenece sobre todo a su director.

En 1986, Black escribió Arma letal y se convirtió en chico maravillas de Hollywood por dar nueva vida con sus guiones al género de las buddy movies y por sentar las bases de la mezcla de músculo y sentimiento y de explosiones y risas que define buena parte del cine de acción moderno. Sirviéndose del mismo método, probablemente haya convertido Iron Man 3 en la mejor entrega de la saga a pesar del excesivo metraje y la arritmia narrativa, de los personajes que desaparecen de escena durante demasiado tiempo y de la estupidez que impera en todo lo concerniente a los enemigos de Stark y, en general, a la ciencia que la película plantea. Tras el fracaso de Memoria letal (1996), Black  pasó una larga temporada en el infierno, y ni siquiera gracias a la sensacional Kiss Kiss Bang Bang (2005), su debut como director, pudo salir de él. Tal vez ahora lo logre. 

 

VEREDICTO: Stark vuelve como Bond, con carga emocional.

SINOPSIS:

Cuando Tony Stark comprende que su enemigo ha destruido su universo personal, se embarca en una angustiosa búsqueda para encontrar a los responsables. Este viaje pondrá a prueba su entereza una y otra vez.

Iron Man 3

Acción / EE UU / 2013 / Dir: Shane Black / Reparto: Robert Downey Jr., Gwyneth Paltrow, Don Cheadle, Jon Favreau, Ben Kingsley, Guy Pearce, Andy Lau, Rebecca Hall / Guión: Drew Pearce, Shane Black

ESTRENO: 26 de Abril de 2013

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