CRÍTICA

Felices sueños

7

Por
13 de enero de 2017

Marco Bellocchio es grande, muy grande. Colonizan sus adentros desde hace más de medio siglo las ganas irrefrenables de hacer cine. Felices sueños es puro lirismo exacerbado, tratado de lo sobrenatural desde la más carnalidad de las vidas. El pasado y el presente se funden en el relato de un niño y la ausencia de su madre. La ausencia, sí: sobre ella gravita esta obra naíf de un chaval que narra partidos de fútbol para sí mismo cuando es un niño, y de mayor se mete en mil embolados para satisfacer su pulsión periodística. Anclada en un estilo visual inequívocamente italiano –la huella del telefilme es, casi siempre, detectable– con unos actores no especialmente inspirados y la voluntad de calar hondo en la búsqueda entre dos tiempos, Bellocchio logra una película algo morosa, pero acuñada con extrema personalidad.

Emparentada con su cine, siempre entre lo social y lo psicológico.

SINOPSIS:

Turín, 1969. La idílica niñez de Massimo, nueve años, se quiebra por la misteriosa muerte de su madre. El joven no quiere aceptar esta brutal pérdida, ni aunque el cura diga que ella está ahora en el Cielo. Años después, Massimo, ahora adulto, se ha convertido en un habilidoso periodista. Y tras volver de la guerra en Sarajevo, empieza a sufrir de ataques de pánico.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO: , ,

GUIÓN: , ,

PAIS: Italia

DURACIÓN: 134 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: VerCine

ESTRENO: 10 de Febrero de 2017

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