CRÍTICA

El viento se levanta

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25 de abril de 2014

Probablemente, junto a El castillo de Cagliostro, la supuesta última película del genio Hayao Miyazaki sea la menos Miyazaki de todas. Persisten algunas constantes de su obra: su fascinación por Europa y la naturaleza y, por supuesto, la obsesión por el acto de volar, pero el resto, aunque se intuyen, apenas hacen acto de presencia. Su desbordante imaginación queda reducida a un puñado de escenas oníricas siguiendo las guías del mostacho del ingeniero italiano Giovanni Caproni. Nos elimina así, de un plumazo, sus fantásticas invenciones (nada de autobusesgato) o ese bestiario acadabrante lleno de híbridos de humano y animal (cuervos con cabeza de mujer, hombres-insecto) y, por último, la presencia de los niños es marginal.

El resultado es, por así decirlo, su filme más serio (como si los otros no lo fueran): un biopic testamento, lacrimógeno melodrama que, a la manera de ficticio cordón umbilical, une a su padre (ingeniero de aviación), con él mismo y su otra “familia”, el Studio Ghibli. El trabajo y la pasión de Jiro Horikoshi y su equipo es el del propio Miyazaki y los artistas para los que suele cocinar durante la realización de sus filmes. De ese retrato de la creación nace, esta vez, la poesía que identificamos con el director japonés: un filme que se inicia con un verso de Valéry y en el que, como a Jiro, se nos permite entrar en los sueños de un genio. Algo que nunca nos cansaremos de agradecer al maestro.

 

VEREDICTO: Miyazaki nos regala el secreto de su éxito.

SINOPSIS:

Niñez y juventud de Jiro Horikoshi, el ingeniero autor del diseño del avión de combate Zero usado por los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial.

El viento se levanta

[Kaze Tachinu] Animación / Japón / 2013 / Dir: Hayao Miyazaki / Guión: Hayao Miyazaki

ESTRENO: 25 de Abril de 2014

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