CRÍTICA

El irlandés

8

Por
11 de noviembre de 2019

Scorsese en vena. Los dos primeros minutos de El irlandés son inyectables: esa cámara que avanza decidida prometiéndonos un nuevo mundo, una música dulce de los 50 sonando a toda pipa y un geriátrico. ¿Un geriátrico? Sí. Un geriátrico. En su película número 34, el director no nos sumerge en el eléctrico Nueva York de los yuppies de El lobo de Wall Street ni en el vertiginoso mundo del juego en Las Vegas de Casino sino en un geriátrico. Un geriátrico, sí, en el que vive el final de sus días Frank Sheeran, matón que, bajo órdenes de la Mafia, supuestamente asesinó al famoso sindicalista Jimmy Hoffa.

El irlandés cuenta su historia, la de Sheeran, la de Hoffa, y también la de Russell Bufalino, triángulo de fidelidades masculinas cuyo rastro puede seguirse como una fila de hormigas a lo largo de toda la trayectoria de Scorsese. Es una historia, como en Uno de los nuestros, contada en primera persona con esa voz en off de la que se sirve el director para descubrirnos hábitats de acceso restringido. Al igual que aquella, El irlandés se inspira en un libro –Jimmy Hoffa. Caso cerrado–, si bien aquí la acción se expande a lo largo de décadas, responsables no solo de las pastosas tres horas y veinte minutos de duración sino también de los efectos digitales con los que los actores han sido rejuvenecidos, y, digámoslo ya, con decepcionantes resultados en el caso de De Niro.

Es un alivio pensar que el CGI, la tecnología, todavía no puede conseguir borrar el peso de la vida, el paso de los años de los rostros de nuestros actores más queridos. Humanos 1-Máquinas 0.

En un curioso autohomenaje, o en una reflexión sobre la senectud, El irlandés se parece más al cine de gangsters de Scorsese cuanto más jóvenes son sus protagonistas. Cuando nos presenta a Sheeran, un conductor de camiones que se saca unas perras haciendo el trabajo sucio de los mafiosos Bufalino, abundan los congelados y las tipografías, ese contagioso sentido del humor, los temazos musicales –El Negro Zumbón que hará bailar a Moretti– y suficientes conversaciones en dialectos italianos como para hacernos olvidar los retoques faciales de De Niro, así como un plano secuencia rematado en flores y disparos que es puro rock and roll.

Pero, según van envejeciendo los personajes, El irlandés se va convirtiendo en otra película. Empezando por Russell, el personaje de Pesci, una versión taimada, civilizada y hasta tierna de sus habituales mafiosos brutales. Y siguiendo por el uso de la música, tan presente en la filmografía del italoamericano y que aquí va desapareciendo dotando al filme de una intensidad más propia de los gangsters de Coppola que de los de Scorsese.

En general, la mirada a la Mafia del director dista mucho de esa seducción a la que nos tenía acostumbrados y transmite, a través de uno de los pocos personajes femeninos de la cinta, una visión más crítica. Anna Paquin interpreta a una de las hijas de Sheeran y solo necesita una frase y sus ojos para afear la conducta de su padre y el resto de la organización criminal. Es en su rechazo donde Scorsese pone el foco al final de El irlandés, queriendo decir, quizás, que hay algo que da más miedo que los gangsters y los matones: morir solo y viejo en un geriátrico.

Los gangsters de Scorsese están mayores. Tranquilos, él no.

SINOPSIS:

Basada en hechos reales, se trata de la película número 34 de Martin Scorsese. Frank Sheeran es un veterano de la Segunda Guerra Mundial, que trabaja como estafador y sicario. El filme narra la desaparición del sindicalista Jimmy Hoffa en pugna contra la mafia y en relación con el protagonista.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO: ,

DIRECTOR:

REPARTO: ,

GUIÓN:

PAIS: Estados Unidos

DURACIÓN: 210 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: Netflix

ESTRENO: 15 de Noviembre de 2019