CRÍTICA

El hombre de las mil caras

8

Por
29 de agosto de 2016

“Jamás valdrá más de 100 dólares a la semana”. Sin saberlo todavía, William Sistrom, ejecutivo de Universal en 1918, cambió la historia del cine con su respuesta a un correoso actor que había subido a su despacho del estudio a pedir un aumento. Aquella frase lanzó en tromba a un animal de la escena en pos de una carrera coronada con el apodo de El hombre de las mil caras. El original.

No es esa la única semejanza entre Lon Chaney, una gloria del primer Hollywood, y Francisco Paesa, un prófugo de la justicia española, sí, pero también un artista de la prestidigitación social, el gran protagonista de la nueva película de Alberto Rodríguez, el cineasta de mayor solvencia del cine español actual, ante su reválida tras el éxito de La isla mínima. Le van a estar esperando, como a Paesa, al que el Estado tampoco quiso pagar los servicios prestados en las cloacas. Muerto en 1930, en lo más alto de su carrera, nadie sabe que habría sido de Lon Chaney en el sonoro, como tampoco lo que habría sido de Paesa ante la justicia tras su juego a tres bandas con el estado y el ínclito Luis Roldán, intríngulis del filme. Rodríguez tampoco lo podía saber, pero se puso a fabular. Fabular con una contención impropia de cualquier película de espías, modulándola hacia una trama de supervivientes de un sistema podrido. La historia de una huida hacia delante en compás de espera (con un cuadro de Modigliani) abre el melón de nuestro cine político. Lo que queda de él. O lo que ha tenido que seguir inventándose Rodríguez, con riesgo. Porque, perdida para siempre la de por sí escasa tradición del género, ese aire del nuevo cine español y sus últimos rescoldos de la Transición, Rodríguez ha tenido que reinventar un estilo para acercarse a unos hechos. Aquí no hay explosiones, ni saltos, y las persecuciones son con la mirada. Tampoco villanos maniqueos del franquismo como en El Lobo y GAL. Ni siquiera tenemos gran literatura sobre el tema: en España, las novelas de John le Carré han sido algunas primeras páginas de los periódicos. Una fábula, en conclusión, basada en hechos publicados, como si viéramos El factor humano o El topo, pero al ritmo de las columnas de la prensa castiza. Meneándolo bien, Rodríguez eleva el thriller político español a otro nivel: un estadio inédito en nuestro cine, con estilo y aroma propios. Un thriller de espías en despachos, un drama político con enigmas de agentes secretos. Y un Eduard Fernández imponente. Sublime: nunca sabemos qué pasa por esa cabeza, aunque creamos intuirlo, aunque el cerco se estreche hasta su coronilla, como Michael Mann con Russell Crowe en El dilema. La cámara contrapone los espacios con el agobio de los planos cortos de su protagonista, al que coloca en otra dimensión que al resto de personajes: el caradura simpático de Coronado (más suelto que nunca) y el histrión nervioso de Carlos Santos con Roldán, el personaje más arriesgado, el que todos creemos conocer.

Y en ese limbo, de la mano de Fernández, piedra de toque de todo este ingenio seco como una pedrada, se abre una nueva tesitura. Como Lon Chaney y sus personajes, aparentemente malvados, impredecibles, el nuevo hombre de las mil caras también busca una reacción de empatía en el público. Su aire de muerto viviente le ampara. Igual que su puesta en cuestión de todo el sistema desde dentro. La solución encontrada por Alberto Rodríguez al enigma de nuestro cine político confirma la sentencia.

Película de espías sin carreras, thriller desde la contención. Alberto Rodríguez convierte el cine político español en un convincente género de muertos vivientes.

SINOPSIS:

Son los años 90. Francisco Paesa (Eduard Fernández), ex agente secreto del gobierno español y responsable de la operación contra ETA más importante de la historia, se ve envuelto en un caso de extorsión en plena crisis de los GAL y se ve obligado a huir del país. Cuando regresa al cabo de los años está arruinado y su vida personal atraviesa su peor momento. Recibe entonces la visita de Luis Roldán (Carlos Santos), ex Director General de la Guardia Civil, y de su mujer Nieves Fernández Puerto (Marta Etura). Ambos le ofrecen un millón de dólares a cambio de ayudarles a salvar 1.500 millones de pesetas sustraídos al erario público. Paesa ve la oportunidad de mejorar su situación económica, y de paso, vengarse del gobierno español. Así que pone en marcha una magistral operación de espionaje con la colaboración de su inseparable amigo Jesús Camoes (José Coronado).

FICHA TÉCNICA

GÉNERO: ,

DIRECTOR:

REPARTO: , ,

GUIÓN:

PAIS: España

DURACIÓN: 100 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: Warner Bros (es)

ESTRENO: 23 de Septiembre de 2016

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