CRÍTICA

El faro de las orcas

7

Por
10 de diciembre de 2016

El cine no para de retroalimentarse de historias sobre niños y sus amigos los animales. Y, como Keiko (Liberad a Willy) ya demostró en los 90, las orcas también pueden ser aliadas incondicionales de los más pequeños. Sin embargo, la última película de Gerardo Olivares explora este tipo de camaradería desde un punto de vista entre psicológico y emocional. Como ya hiciera en Entrelobos, vuelve a partir de un suceso real para confrontar al ser humano con la naturaleza más salvaje. Esta vez, nos aísla en la inmensidad de la Patagonia argentina, en la belleza de sus atardeceres malva, sus playas inhóspitas, las carreteras a medio hacer y la falta de cobertura. Olivares nos saca de cuajo, a nosotros y a los personajes, de la ‘civilización’ para hacernos ver, en ese escenario sabiamente denominado ‘el fin del mundo’, lo que su joven protagonista autista ve. Nos adentramos en su mundo de introspección, sin que podamos escondernos tras la pantalla del ordenador. Los problemas miran de frente a esa madre desesperada por interactuar con su hijo (interpretada con la dosis justa de angustia y contención por Maribel Verdú), al hierático guardafauna con cierto trauma del pasado o al niño que vive en su mundo interior. Todos buscan reconectar consigo mismos, mientras las orcas escuchan, sin juzgar.

Gerardo Olivares recupera el lenguaje que mejor domina: el animal.

SINOPSIS:

Lola viaja con su hijo autista, Tristán, hasta el fin del mundo para encontrarse con Beto, un guardafauna que tiene una relación muy especial con las orcas salvajes en la Patagonia argentina. La determinación de Lola de luchar por su hijo, la peculiar personalidad de Tristán y su relación con la naturaleza harán que la vida de todos ellos cambie para siempre.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO: , ,

GUIÓN:

PAIS: España

DURACIÓN:

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: Wanda Visión

ESTRENO: 16 de Diciembre de 2016