CRÍTICA

El captor

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Por
07 de mayo de 2020

Al psiquiatra y criminólogo Nils Bejerot le debemos el término ‘Síndrome de Estocolmo’. Era especialista en tratar adicciones y en estudios sobre el abuso de drogas en Suecia, pero ha pasado a la historia por acuñar este síndrome que define el fenómeno de la atracción que algunos rehenes pueden sentir por sus secuestradores, con los que llegan no solo a identificarse y comprender sino también a justificar. Bejerot tuvo la ocurrencia de darle nombre a este perturbador sentimiento de empatía, pero el término nació al calor del atraco de Norrmalmstorg, acontecido en la capital de Suecia en 1973, y hecho histórico que protagoniza El captor, la segunda película del productor y director Robert Brudeau, de nuevo con Ethan Hawke en primera fila.

Brudeau y Hawke habían colaborado en la ópera prima del primero, Born to Blue, un intenso y estiloso biopic sobre Chet Baker –interpretado con fiereza y dignidad por el actor–, y ahora repiten cambiando de género y pasándose al true crime. Hawke interpreta a Lars Nystrom, el principal atracador y personaje que se mira en Jan Olsson (el delincuente que ideó todo el embrollo) y en Clark Olofsson (el cómplice); mientras que Noomi Rapace hace lo propio en el papel de Bianca Lind, trasunto de Kristin Enmark, la empleada del banco sufridora del síndrome en cuestión. Los personajes, sus nombres, la secuencia de hechos e incluso algunos hechos han sido alterados a favor de la ficción, pero, a la postre, El captor se ciñe a lo sucedido en el interior del Banco de Crédito, donde tuvo lugar el atraco y secuestro, a lo largo de esos seis días aciagos de agosto del 73.

El resultado de la propuesta no es demasiado convincente, por rutinario y poco imaginativo, pero, como sucedía también en Born to Blue, puede alardear de un diseño de producción cuidado y detallista, que te traslada directamente a la Suecia de colores pardos de la década de 1970. El captor, no obstante, está contada desde el interior del banco, aunque en ningún momento transmite la sensación de claustrofobia o miedo que debieron de sentir los secuestrados. Más bien, al contrario: la escasa planificación espacial de la tensión dramática ni siquiera se corrige para los momentos más tensos que acontecen en la bóveda de seguridad del banco, cuando la policía comienza la operación de taladre y de gaseo de los criminales, para proceder a la liberación de los rehenes. Tampoco en los picos de tensión sexual entre Nystrom y Lind, concesión a la audiencia de un aspecto de la relación entre secuestrador y secuestrada que no ha llegado a ser probado.

La única señal de cierta puesta en escena y decisión de dirección en El captor es la profunda antipatía que el cineasta siente por toda la fuerza policial; cuerpo al que retrata como fríos, calculadores, crueles y humillados. Si buscan trazas del síndrome de Estocolmo en el filme, lo encontrarán justo en el retrato del comandante Mattsson, a quien le ha caído el sambenito del malísimo de la película.

Tras ‘Born to Blue’, Ethan Hawke repite con el productor y director Robert Budreau en este biopic criminal que narra el origen del conocido ‘Síndrome de Estocolmo’

SINOPSIS:

FICHA TÉCNICA

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PAIS: Estados Unidos

DURACIÓN: 92 min.

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ESTRENO: 07 de Mayo de 2020