CRÍTICA

El caballero oscuro: La leyenda renace

8

Por
20 de julio de 2012

Habíamos creado un monstruo. El Batman de Nolan, una mezcla de Golem sagrado y refinadísimo artefacto de evasión, la sublimación intelectual del superhéroe. O eso pensábamos. Y ahora llega el cotejo de nuestras expectativas con las rebajas, dispuestas a golpearnos con efectismos de blockbuster industrial y preocupaciones mundanas de auteur consciente de su talento. Y nos choca. La culpa, en parte, también es de los que hallaron oasis filosóficos más allá del horizonte fílmico real: el crescendo tenebroso que comenzó en Batman Begins y alcanzó su cumbre con El caballero oscuro no tenía por qué acabar en el infierno argumental que intuíamos ni en la obra maestra que anhelábamos. En realidad va a bastar con una buena película de acción para coronar la mística de una trilogía que ha merecido mucho la pena, pero cuyo final, tal que El padrino III, no ha estado a la altura de lo que se esperaba cuando se magnificó su impronta. Sin embargo, hay que huir de la decepción: ni tanto ni tan calvo. Hay que aclarar quizá que estamos ante una rotunda película, la versión definitiva, sobre una bomba que está a punto de estallar.

Cierta pose del actual Hollywood con pretensiones alumbra una pesadilla recurrente: duele imaginar a John Ford (hay versiones con Welles y Wilder y sus filmes) retomando el personaje de Ethan Edwards en una secuela de Centauros del desierto, y tratando de incluir en ella todos los ríos de tinta que se han vertido interpretando su obra maestra. En este mal sueño, Ford acaba muriendo por agotamiento, maldiciendo a Peter Bogdanovich y sus secuaces, eso en lo que nos hemos convertido los cinemaníacos del mundo. Las lecturas post 11-S de Batman Begins (2005) y las digresiones al hilo de unos valores que se hundían en la crisis económica de Wall Street a la vez que El caballero oscuro en su pozo de remordimiento (2008) fueron interpretaciones con un lógico tinte oportunista que incluso el propio Christopher Nolan ha terminado por creerse hasta incluirlas en su tercera entrega del hombre murciélago. La tentación de ir más allá del juego entre el bien y el mal que establece la sombría figura de Batman se le ha vuelto en contra cuando ha tratado de reunir la voladura de Gotham, el robo a la Bolsa y hasta la revolución de las clases populares en un cóctel en el que sobre todo, y con eso ya valía, el ingrediente fundamental es el escapismo. Nolan, extrañamente, no ha tenido cuidado en el mensaje político con esa mixtura entre el himno americano y la dictadura fallida del proletariado, que podría llevar a nuevas interpretaciones reaccionarias del conjunto, que por lo demás es un sensacional canto a la desmesura, en el metraje, en la banda sonora omnipresente de Hans Zimmer, en el desbordante reparto y en el habitual despliegue visual del director. 

Sucede que no tenemos ya al Joker, el mejor villano del último cuarto de siglo de cine, un malvado tan bueno que hace crecer a su oponente. No es exactamente el caso de Bane, un malo con ecos lecterianos y vestigios de forzudo del cine mudo, perfecto para la acción pura y dura pero no para rescatar la exquisitez del mal absoluto. El caos que pretende Nolan esta vez está mucho más ordenadito, domesticado, enmarcado entre un sensacional inicio a lo Bond y un final atado y bien atado, modélico en su conformismo para acariciar el gusto del gran público, ese que tiene que llenar las salas al margen de los irreductibles fanáticos de Nolan. Algunas risibles apariciones (Matthew Modine, Liam Neeson, una Anne Hathaway que parece haber llegado para rodar el remake con látex de Atrapa a un ladrón) estarían en la línea de unos giros al estilo Misión imposible. Incluso se permite algún leve rastro de humor en una trilogía (y en toda la filmografía de Nolan, me temo) que siempre se tomó muy en serio a sí misma. Todo ello redunda en un entretenimiento del bueno, pero no así en la fuerza estilística ni en la altura de miras del conjunto.

Queda, pues, una evasión inteligente, pero evasión. Y resta la mano mecedora de Nolan ante un héroe en retirada, que ha vuelto sólo para salvarse y dejar de compararse a su anterior némesis. Batman vuelve a ser un superhéroe con ganas de quitarse de en medio y pensar en sus cosas, eficaz, pero sin la altura moral de hace cuatro años. Por eso traspasa los trastos (y las dudas éticas) y hasta el estoque de matar al fundamental personaje de Joseph Gordon-Levitt, la cota máxima del filme. Por el camino, durante la cuenta atrás en que se convierte la película, acaba uno dándose cuenta de que esta es una película de Batman sin Batman. O sin el Batman que nosotros mismos habíamos creado y ha acabado por fugarse. Escapismo, esta vez sí, sublimado.

CARLOS MARAÑÓN

SINOPSIS:

Tras ponerse voluntariamente al margen de la ley, Bruce Wayne se enfrenta a las mayores amenazas de su vida: un forajido enmascarado llamado Bane, una ladrona sexy con afición por los gatos, y el posible retorno de su viejo maestro Ra's Al Ghul.

El caballero oscuro: La leyenda renace

[The Dark Knight Rises] EE UU / 2012 / Director: Christopher Nolan Reparto: Christian Bale, Anne Hathaway, Marion Cotillard, Tom Hardy, Gary Oldman, Michael Caine

ESTRENO: 20 de Julio de 2012

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