CRÍTICA

Dos días, una noche

8

Por
20 de octubre de 2014

¡Y a mí éste qué me cuenta!, pensará el lector de críticas, si es que existe tal cosa. Pero es verdad, un golpe de realidad en términos cinéfilos: es difícil no repetirse en los temas y los referentes al escribir sobre los hermanos Dardenne, reputados cineastas, privilegiados candidatos a lograr la plusmarca de tres Palmas de Oro en Cannes (llevan dos, y curiosamente ésta es la primera de sus películas desde 1999 sin galardón, las cinco anteriores se llevaron algo), virtuosos de la relación entre cámara y realidad, profetas del enfoque social, versos libres del séptimo arte de rima asonante (y belga) con los hermanos Lumière con quien comparten la salida de la fábrica… Basta. Acaba sonando todo a repetido, a tópico, cuando en realidad sus propuestas son tan diferentes. Ni siquiera les hace falta ser demasiado bressonianos esta vez: están menos pendientes del detalle para abrir el plano hasta la instantánea panorámica de un grupo laboral en su filme más abiertamente coral a pesar del carisma de su protagonista. Porque los hermanos Dardenne también tienen su corazoncito. Apoyados siempre en buenos actores desconocidos (hasta que sus películas los aupaban) bien mezclados con intérpretes no profesionales, aquí han elegido a Marion Cotillard, la dama francesa del momento, en un viraje sofisticado que quizá no es gratuito, pero que (aunque ya ha sido criticado) por lo visto en pantalla no se infiere necesariamente como una concesión (¿al gran público?). O acaso la extraordinaria Cotillard, que suda como una condenada, ha conseguido que no nos demos cuenta.

Tampoco la estampa del filme, ni los procesos internos de la historia han bajado el nivel del label de calidad Dardenne. Hay incluso una pureza que remite a Rosetta, pero que alcanza los límites de esos niños insistentes del cine iraní (El globo blanco, Don, El espejo…). Donde sí han levantado el pie es en la trama (y más después del lumpen de El silencio de Lorna) y sus aledaños: no hay margen para requiebros argumentales aparte de unas pastillas contra la depresión. Esposa y madre trabajadora despedida, la heroína de Cotillard debe convencer a sus compañeros de fábrica de que renuncien a una prima de 1.000 euros a cambio de su readmisión. Puerta a puerta, en un week-end de sufrimientos, en los antípodas del atasco colorista de Godard. A la habitual responsabilidad ética de sus mártires cotidianos, le añaden ahora un respiro en forma de día soleado por aquí, de canción en el coche por allá, de ganas de tirarlo todo por la borda por acullá. Transparente incluso ante la belleza de Cotillard, respiramos con la cámara en el cogote dardenniana, nos ahogamos con ella en la impotencia del personaje, que no violenta a sus compañeros en un juego paralelo al de los cineastas con el espectador. No hay chantaje emocional para recuperar el empleo; no se juzga la decisión de los trabajadores. Pase lo que pase, habrá merecido la pena el esfuerzo, porque no es el trabajo lo que dignifica al hombre, sino afrontar las responsabilidades de cada uno hasta la derrota final, incluso aunque ya sepamos el resultado de antemano. Han sido dos días cojonudos después de todo.

La sofisticación del cine social europeo: los Dardenne trabajan hasta en week-end.

SINOPSIS:

Sandra, con la ayuda de su marido, sólo dispone de un fin de semana para ver a sus compañeros de trabajo y convencerles de que renuncien a sus primas para que ella pueda mantener su trabajo.

Dos días, una noche

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR: ,

REPARTO: , , ,

GUIÓN: ,

PAIS: Bélgica

DURACIÓN: 95

EDAD RECOMENDADA: na

DISTRIBUIDORA: Wanda Vision

ESTRENO: 24 de Octubre de 2014

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