CRÍTICA

De óxido y hueso

8

Por
14 de diciembre de 2012

“Lobos salvajes te rodean”, escribió Bon Iver en una cabaña en medio de la nada, contagiado de mononucleosis y herido de amor. For Emma Forever Ago, el disco enfermizo en el que incluyó The Wolves, es la constatación de que la desesperación y la tristeza a veces se trasmutan en belleza y sublimación. Por eso, quizás, no sea casual que De óxido y hueso arranque –Alexandre Desplat mediante– con estos versos de Bon Iver acompañando a dos de sus protagonistas, un padre y un hijo rodeados de lobos aunque nosotros aún no escuchemos los aullidos. La séptima película de Jacques Audiard no fue recibida en Cannes con el aplauso que los fans de las testosterónicas De latir mi corazón se ha parado y Un profeta le auguraban. Su trama, inspirada en los cuentos pulp de Craig Davidson, nos presenta durante la primera media hora del filme a un padre sin dinero que, obligado a cargar con un hijo de cinco años al que desconoce, decide trasladarse al sur de Francia. Allí, encasquetándole el crío a una hermana con la que al parecer tampoco tiene mucho en común, comienza a ganarse la vida como portero de discoteca mientras se nutre de su única pasión, la lucha cuerpo a cuerpo, brutales peleas clandestinas que al tiempo que nos descubren a Alain (arrollador Matthias Schoenaerts) como una bestia sola e incapacitada para el amor, nos sacuden su ira, una ira desbordante que tiene tanto de vida como la hombría de unos puños descarnados y rotos después de un knockout.

El improbable encuentro entre esta bestia parda y la epicúrea Stéphanie (soberbia Marion Cotillard, hermosa en su fealdad como un cuadro de Schiele), sólo podría suceder como Audiard apunta, con un accidente atroz tras el cual ella pierde las piernas y las ganas de vivir. He aquí, a mitad de metraje, dos personajes tullidos y solos que, como la bella y la bestia, jamás hubiesen querido quererse de no haberse visto encerrados en un castillo abandonado. Sólo que aquí no está del todo claro quién es la bella y quién es la bestia, quizás lo sean a partes iguales como todo ser humano, y lo único que sabemos es que los dos necesitan algo que el otro tiene: ella, las ganas de vivir de él; el, quererla a ella.

Jacques Audiard retoma el naturalismo de sus anteriores filmes, juega la baza de unas interpretaciones valientes y extremas y se sirve de una banda sonora con luces y sombras, intoxicada y triste, para contarnos una historia de amor sin romance que emociona gradualmente, fotograma a fotograma, sin caer en los excesos del melodrama gracias sobre todo a la implacable construcción de sus personajes, y que se queda agarrada al pensamiento aún después de abandonar la sala de cine.

El de Audiard es un cuento de hadas oscuro. Sus protagonistas han de enamorarse únicamente de la verdad del otro, con honestidad y generosidad y asumiendo sus profundas faltas y abismos, los lobos salvajes que aullando les rodean. ¿Puede una historia de amor ser hermosa y carecer de romance? ¿Acaso no es eso el amor verdadero? 

VEREDICTO: Un cuento para que las niñas que vieron de La bella y la bestia sigan aprendiendo sobre amor.

SINOPSIS:

Sin domicilio, sin dinero y sin amigos, Ali y su hijo de 5 años Sam encuentran refugio en casa de su hermana en Antibes. Allí se cruzará con Stéphanie, una domadora de orcas en Marineland.

De óxido y hueso

[De rouille et d'os] Drama / Francia / 2012 / Dir: Jacques Audiard / Reparto: Marion Cotillard, Matthias Schoenarts, Bouli Lanners, Celine Sallette / Guión: Thomas Bidegain, Jacques Audiard

ESTRENO: 14 de Diciembre de 2012

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