CRÍTICA

Cold War

10

Por
28 de septiembre de 2018

Amor y música al otro lado del telón de acero, territorio cinematográfico irreconocible desde la última vez que lo atravesamos con segundas intenciones. Entonces Spielberg (El puente de los espías) coloreaba Checkpoint Charlie y Ianucci (La muerte de Stalin) le ponía vitriolo al totalitarismo en el Kremlin. Ahora, jugando en los límites de esa misma Guerra Fría, reafirmando su sello de autor poderoso y desterrando las dudas sobre si su prodigiosa anterior película fue una casualidad (a la vista de su desconcertante filmografía y de la hórrida La mujer del quinto), Pawel Pawlikowski se adentra más allá de las líneas enemigas y, ante el recuerdo de la historia real de sus padres (que rozó en la petición de asilo de Last Resort), pone el alma para descubrirnos esta bellísima historia de amor. Gélida y contundente, rodada como si amantes (y músicos) viviesen su pasión como espías y en su corazón se ocultase el microchip que los agentes enemigos quieren interceptar.

Cold War comienza como continuación del vacío de Ida, aquella exhumación macabra del pasado de Polonia en dos tiempos (la guerra y el comunismo) con la que esta pax pawlikowskiana mantiene lazos indivisibles más allá del adictivo blanco y negro que las potencia. La maniobra de distracción totalitaria funcionaba; el uso de la música y el baile como elemento disuasorio por las dictaduras merece un trabajo de campo como el que da inicio a la película: un hombre, una mujer y el Estado, caracterizado como un chófer, recogen el folklore polaco con precisión. Pero la nieve etnográfica se va derritiendo poco a poco al calor de la pasión de dos jóvenes, un profesor de música y una aspirante a estrella en el país equivocado, bajo la atenta mirada del Estado. El amor romántico en los tiempos del estalinismo de provincias, y Polonia lo era de Moscú.

Planteado el romance, comienza una gira que es íntima y a la vez artística, y que permite al director y guionista plantear un complejo mapa sentimental sobre una geografía política cuidadísima. Idas y venidas por Varsovia, Berlín, París y la soleada Split. Esa arriesgada coreografía de una relación amorosa que se relaciona con los lugares por donde se alimenta es un hallazgo de una película sin mácula estilística y temática, originalísima como un Marienbad on tour. Por supuesto, se pueden trazar líneas en paralelo con la deriva política actual de un país (y de todo el continente, cuidado) que flirtea con el nacionalismo más agreste a través de sus últimos gobiernos. Pero no es lo mollar. El hallazgo único es esa relación entre fondo y forma que hace evolucionar el compromiso de esta pareja formada por Joanna Kulig (cuyo personaje aparecía, gozoso guiño, cantando en aquel hotel de Ida) y el estudiadamente distraído Tomasz Kot. Desde los coros y danzas (nos hace gozar como a hinchas de Gente joven) rodados como si Leni Riefenstahl estuviese allí hasta las primorosas escenas parisinas con trompetistas negros y pianistas judíos llenando de humo la noche, evocaciones de lo soñado en tantas imágenes de Doisneau. Todo ello para desembocar de forma natural en uno de los finales más abrumadores del cine reciente, por su inexorable sencillez, por coronar el sacrificio en los tiempos del cólera.

La prodigiosa gira de un amor contra el régimen, de los coros y danzas polacos al París del jazz. Más triste que un romance al otro lado del telón de acero.

SINOPSIS:

Con la Guerra Fría como telón de fondo y a caballo entre Polonia, Berlín, Yugoslavia y París, 'Cold War' presenta la historia de amor entre dos personas de diferente origen y temperamento que son totalmente incompatibles, pero cuyo destino les condena a estar juntos.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO: ,

DIRECTOR:

REPARTO: , , , ,

GUIÓN:

PAIS: Polonia

DURACIÓN: 88 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: Caramel Films

ESTRENO: 05 de Octubre de 2018