CRÍTICA

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15 de abril de 2011

Dirán que la culpa es de Ridley Scott: que si la puerta de Tanhauser, que si lágrimas en la lluvia, que si las cosas que vio el bardo (androide replicante, pero bardo) y no creeríais. Vamos, que llegó Blade Runner y, hala, se perdió el goce de la ciencia-ficción por la ciencia-ficción. Apareció el teniente Deckard con su chupa de cuero… y el sentimiento lo invadió todo, dando un nuevo sentido al género que iba por el mundo dándoselas de que todo lo humano le era (aparentemente) ajeno. Caretas fuera, el único culpable sería Philip K. Dick con su cientifismo humanista, o polvo enamorado que diría el poeta (humano, pero poeta). Y qué diablos, hizo bien.

Era lógico que Duncan Jones eligiera para su debut en Moon las líneas maestras de Arthur C. Clarke y ese 2001 seco, lleno de culpa kubrickiana, perfecto para el pretencioso idealismo del debutante. Pasado el corte, era más lógico aún que su primera película en Hollywood tomara la alternativa K. Dick y convirtiera en historia de amor un embrollo resultón más onírico que científico, más fantasioso que tecnológico, más Memento que Matrix, que introduce en una realidad paralela a un solvente Jake Gyllenhaal, empeñado en hacernos olvidar que fue el chico enfermizo y/o pardillo del cine indie en la pasada década, y decidido a descubrir su Punxsutawney particular en un tren de cercanías de Chicago a punto de estallar.

El extraño vínculo con Atrapado en el tiempo, pese a lo chocante, aporta verosimilitud. Los ocho minutos que tiene el protagonista para descubrir quién colocó una bomba en el vagón son el mismo territorio que transita Bill Murray en la comedia de Harold Ramis. Y forma parte de nuestra experiencia cinéfila. Sabemos donde estamos, igual que si vemos Monument Valley intuimos tiros de western: repetido y repetido ese tiempo de gracia acaba por tener sentido, no tanto como medio para descubrir al terrorista (ya sea el de la bomba o el cabronazo de Bill Murray pre-flechazo por Andie MacDowell), sino como camino para conseguir el amor de la chica. Y qué chica. La naturalidad de Michelle Monaghan fortalece por un lado la angustia del hombre atrapado y sus ganas de huir hacia ella. Maestro de los espacios cerrados, Duncan Jones, se mueve por este sorprendente y nada pretencioso Código Fuente con la misma soltura e intensidad que Dalton Trumbo transmitía al soldado sin piernas ni brazos de Johnny cogió su fusil. Algunos, entre balidos de ovejas mecánicas, lo llamarán suerte, pero huele a talento.     

CARLOS MARAÑÓN

SINOPSIS:

Un soldado de EE UU destinado en Irak despierta, sin comerlo ni beberlo, en un tren con destino a Chicago. ¿Cómo ha llegado hasta allí? Y, sobre todo: ¿Por qué su rostro es el de otra persona?

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Ciencia-ficción, thriller / EE UU / 2011 / Director: Duncan Jones Actores: Jake Gyllenhaal, Vera Farmiga, Michelle Monaghan, Jeffrey Wright, Russell Peters Guión: Ben Ripley.

ESTRENO: 15 de Abril de 2011

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