CRÍTICA

Coche policial

7

Por
23 de noviembre de 2015

Pasarán los años y cambiarán las modas, pero los niños seguirán jugando a polis y cacos. También se sentarán al volante de coches parados, voladores o no, y fantasearán con persecuciones y carreras a muerte. Apoyándose en esos dos universales, Jon Watts, director de la próxima película de Spider-Man, cuenta la aventura de dos chavales que sustraen por pura e inocente diversión su vehículo a un policía con más secretos de los que un maletero puede ocultar.

Kevin Bacon, lobo feroz con bigote de la América profunda, es el madero de este cuentecito moderno, que podría encajar perfectamente como un título menos intenso y superconsciente en la filmografía de Jeff Nichols. Al servicio de la historia, se permite todos los excesos con los que cuenta en su arsenal interpretativo y niquela uno de esos personajes que recuerdan lo desaprovechado que está y lo mucho que parece divertirse con su trabajo. Los verdaderos protagonistas de Coche policial son dos críos –reales, sensibles, nada repelentes–, pero está claro que él vuelve a ser uno más cuando le dejan jugar.

Queda para la antología del gran cine para chavales, que no infantil, el primer tramo de la película, antes de que el coche entre en juego, con los dos preadolescentes retándose a decir tacos y maldiciones mientras avanzan sin rumbo y a pie por el camino de los ya abueletes de Cuenta conmigo.

Un Kevin Bacon feroz protagoniza la road-movie sorpresa del año.

SINOPSIS:

Dos chavales de diez años encuentran un coche de policía aparentemente abandonado y deciden montarse para dar una vuelta. Pero esto será el inicio de un tortuoso y desesperado juego del gato y el ratón en el que la única salida será darle al acelerador y conducir tan rápido como puedan.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO: , ,

GUIÓN:

PAIS: Estados Unidos

DURACIÓN: 86

EDAD RECOMENDADA: na

DISTRIBUIDORA: La Aventura Audiovisual

ESTRENO: 27 de Noviembre de 2015