CRÍTICA

Cisne negro

9

Por
18 de febrero de 2011

¿Debe un genio estar loco para ser realmente un genio? Darren Aronofsky parece opinar que sí. Después de todo, da vueltas a esa idea en una película tras otra, desde Pi a La fuente de la vida, de El luchador a su último trabajo, Cisne negro. Todas ellas hablan de la obsesión, de personas que, por las cosas que aman, llegan a extremos irracionales y con frecuencia a la autodestrucción.

De hecho, las similitudes entre El luchador y Cisne negro resultan insoslayables. Ambas películas son estudios psicológicos de artistas destructivamente adictos a su arte y ambas demuestran la  fascinación del director por los cuerpos destrozados. La cámara se fija ahora en huesos que crujen, uñas que se quiebran y llagas que supuran con el mismo deleite que entonces mostró explorando el cuerpo decrépito, ensangrentado y mutilado de Mickey Rourke. La diferencia es que Cisne negro extiende esa fascinación a la esfera de la mente.

Nina es una bailarina dotada técnicamente, pero para su doble papel en El lago de los cisnes tendrá que ser más que eso. “La perfección no es sólo cuestión de control”, le dice Thomas (Vincent Cassel), su coreógrafo. “Se trata también de dejarse llevar”. En todo cuanto hace, Aronofsky lucha con ese mismo dilema. Sus películas arrancan bajo un rígido control formal y luego se abandonan a febriles crescendos emocionales. Cisne negro no es una excepción. A medida que Nina pierde la cabeza, la película también se vuelve loca. Ella empieza a tener alucinaciones, y la película alucina con ella.

Asimismo, la capacidad de Nina para interpretar a la vez al cisne blanco y al cisne negro depende de su capacidad para dejar de ser una niña pura y convertirse en un adulto sexual. La película, tan llena de tensión y miedo y suspense, también debe convertirse en un artefacto sensual
y libidinoso y, destellos onanistas y lésbicos al margen, lo consigue en las escenas de danza, mientras la cámara golpea, penetra y se desliza en desconcertantes y estimulantes tomas largas, y el control riguroso se alterna con salvaje abandono. Cisne negro es el cisne blanco  transformándose en el cisne negro a través de las imágenes de ballet. En el proceso, Aronofsky penetra de cabeza en el mismo territorio terrorífico y bizarro que transitaron David Cronenberg
y Argento y el primer Roman Polanski. Por momentos, Cisne negro resulta más sentimental,
más obvia en sus simbolismos y más hilarante de lo que pretende. En otras palabras, resulta imposible tomársela tan en serio como hace el propio Aronofsky. Quizá por eso, y pese a toda su imaginación, no logra ni la elegancia prístina del cisne blanco ni la depravación alucinógena
del cisne negro. En última instancia, su color es el gris, extrañamente bello y definitivamente
sexy.

NANDO SALVÁ

SINOPSIS:

Dos bailarinas obsesionadas con su arte pugnan por interpretar el papel protagonista en una producción de 'El lago de los cisnes'. Una de ellas, la más perfeccionista, se ve consumida por su propia ambición.

Cisne negro

Drama, thriller / EE UU / 2010 / Fox / Director: Darren Aronofsky / Actores: Natalie Portman, Winona Ryder, Mila Kunis, Vincent Cassel, Janet Montgomery / Guión: Mark Heyman, Andres Heinz / Música: Thèrese DePrez

ESTRENO: 18 de Febrero de 2011

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