CRÍTICA

Carmina y amén

8

Por
30 de abril de 2014

Despejada la bruma del éxito, pasado el fenómeno, recobrada la perspectiva, vuelve Carmina. Y aunque sea otra la intención de Paco León, este cineasta con ojo clínico, mano de cirujano y soltura de maestro de ceremonias en un circo, la verdad es que esta mujer a medio camino entre la realidad familiar y el sueño creativo ha vuelto para quedarse. Para siempre, como un icono de la comedia española. Quizá eso es lo único que el descubridor de este universo tan peculiar, este popular actor con ganas de meterse en líos, convertido involuntariamente en adalid de una nueva actitud hacia el rito sacrosanto de hacer cine (¡Cuánta tontería nos ha quitado su postura! ¡Cuánto anquilosamiento desenmascarado!), no puede controlar. Ya no está en su mano: Carmina nos sobrevivirá a todos.

Lejos de acomodarse al éxito de la primera entrega (Carmina o revienta, estrenada en los márgenes del circuito comercial en 2012, abrió un camino que su autor ya no necesita pero que ahí está para otros valientes) y de explotar el filón del chiste fácil alrededor de la gracia innata de Carmina Barrios, presencia portentosa, madre y muy señora nuestra, la secuela, pertinente, definitiva, no es rehén de aquella primera aventura. Ni siquiera en su concepción. La apariencia de película desastrada, casi improvisada, que pudiera tener en su origen, ha dejado paso a una cuidada factura que no desentona con su sustancia, aunque la anécdota que desencadena el conflicto ya la viésemos en Carne de gallina, aquella comedia negra pantone carbón astur. Carmina y amén ahonda en el personaje hasta descubrirnos aristas insospechadas lejos del despiporre naturalista y, sin abrumar, subsume gran parte de la comedia que se hace en España en una especie de sincretismo que, extrañamente, funciona.

Ahí está el gran mérito de León, que lleva su amplitud de miras más allá del formato cinematográfico hasta el contenido: el filme recoge el humor popular autóctono, repleto de omaítas y andalucismos sin complejos, llevándolo hasta otro lugar muy cercano al posthumor, mientras atraviesa territorios chanantes, berlanguianos, costumbristas, cavestanyanos, todo ello adornado del gesto propio de la picaresca, del aire de falso documental y hasta de la espontaneidad de los monologuistas (o su versión cuentachistes). Para colmo, el filme vehicula la mala leche ibérica (que tantas veces se confundía con humor) y la reconduce hacia lugares donde sólo había estado en broma. Tanto esfuerzo, tanto control del material supone sin embargo cierta rémora a la hora de afrontar la carga social que la película también pretende. No se relaja Paco León en su repaso casi temático de la crisis, algo impostado: economía, malos tratos, dependencia, racismo, sanidad… los temas van pasando metidos a capón con mejor (glorioso episodio okupa) o peor fortuna al tiempo que esa mezcla única de actores profesionales (Yolanda Ramos, inconmensurable) y de gente en sitios va sedimentando esta contundente nueva forma de comedia que ya es más que un aviso. Los amigos de Carmina lo dirían mucho mejor: se está estrenando un cine español que no se había estrenado nunca.

 

 

El colofón perfecto. Carmina nos va a sobrevivir a todos.

SINOPSIS:

Arranca con la muerte súbita del marido de Carmina, que convence a su hija de no dar parte de la defunción hasta pasados dos días para poder cobrar la paga doble que él tenía pendiente.

Carmina y amén

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

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PAIS: España

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EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA:

ESTRENO: 30 de Abril de 2014