CRÍTICA

Boyhood (Momentos de una vida)

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24 de junio de 2014

Es mucho más doloroso pensar Boyhood, evocarla, que verla. Ni siquiera rodarla parece haber sido un gran problema para Richard Linklater, que casi no la escribió (habrá que creerle), que la rodó a caballo entre su vida y sus películas como si fueran la misma cosa, o al menos demostrando que podían serlo, quitándose importancia. De existir el cine en aquellos tiempos, papas y emperadores (e incluso el diablo) habrían ofrecido la gloria terrenal al artista que atrapase la vida de semejante manera. Pero la propuesta de Linklater, siendo monumental, fáustica, apasionante, está desprovista de toda grandilocuencia. Su trascendencia está en nosotros, en los tipos que no acabamos de asimilar toda su grandeza, porque nos supera. Ahí aparece la angustia.

Y eso que su autor huye de la gravedad, vadea lo falsamente intenso o heroico por oposición a lo real y lo cotidiano, y, en su juego entre la realidad del paso del tiempo y la ficción, reconstruye la infancia a la machadiana manera, identificada en la edad escolar. El drama encuentra un punto de fuga para evitar la tragedia: siempre hay un mañana (y una canción, en otra dignificación linklateriana del pop-rock), subvirtiendo el carpe diem: tú no aprovechas el momento, el momento te aprovecha a ti. “Es como si siempre fuera ahora”, culmina el filme, recordando que lo que vemos no es real aunque lo parezca, haciendo evidente que sólo el cine (el arte) tiene ese poder de recreación.

Resulta irónico que la ópera prima de Linklater pueda traducirse como Es imposible aprender a arar leyendo libros. El cine tampoco resuelve los problemas de nuestra vida. Pero ayuda. Bastante. Al propio realizador, sin ir más lejos, sus comedias alimenticias le han pagado muchas facturas, entre ellas las de otros filmes de mayor calado filosófico, en uno de esos análisis simplistas que tanto nos gustan a los críticos. Lejos pues de Waking Life, pero también de Una pandilla de pelotas, Boyhood es la media perfecta de las dos variables de su carrera. Filosófica sin tirarse el rollo, no necesita explicitar su tesis, pero la tiene: obra maestra, abre camino para que el espectador la alcance por su cuenta, en una reflexión que no acaba aquí. La muerte, quizá el siguiente reto de Linklater (ya ha reflexionado sobre la infancia, la juventud y ha aprehendido el paso del tiempo en el amor en su trilogía del Antes de…) se intuye a través del personaje de Patricia Arquette, esa madre a la que la vida se le empieza a escapar. Por eso se sufre al recordar Boyhood. Por eso mismo se crece tanto viéndola.

Antes del ‘adultecer’. O cómo Richard Linklater atrapó la infancia sin apenas darse importancia.

SINOPSIS:

BOYHOOD (MOMENTOS DE UNA VIDA), de Richard Linklater, es un drama de ficción rodado con el mismo grupo de actores durante doce años, concretamente desde 2002 a 2013, que trata de un viaje tan épico como íntimo a través de la euforia de la niñez, los sísmicos cambios de una familia moderna y el paso del tiempo. La película sigue a Mason (ELLAR COLTRANE) desde los seis años durante algo más de una década poblada de cambios, mudanzas y controversias, relaciones que se tambalean, bodas, diferentes colegios, primeros amores, primeras desilusiones, momentos maravillosos, momentos de miedo y una constante mezcla de desgarro y de sorpresa. Los resultados son totalmente impredecibles, ya que cada momento lleva a otro, uniéndose en la profunda experiencia personal que nos forma mientras crecemos y nos acoplamos a la siempre cambiante naturaleza de nuestra vida.

Boyhood (Momentos de una vida)

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO:

GUIÓN:

PAIS: Estados Unidos

DURACIÓN: 163

EDAD RECOMENDADA: na

DISTRIBUIDORA: Universal Pictures

ESTRENO: 12 de Septiembre de 2014

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