CRÍTICA

Blue Jasmine

10

Por
15 de noviembre de 2013

Los ojos hinchados de Cate Blanchett. Rojos. De tanto llorar. De tanto mentir. De tanto reír. De tanto aparentar. De tanto vodka y cóctel de pastillas, lo único que le devuelve el aire cuando entra en pánico. La pobre Jasmine, nacida Jeanette, y su forzada locuacidad para esconder sus miedos, para esconderse a sí misma, agota, enerva, al mismo tiempo que te seduce, te absorbe, hasta que consigue que te pongas de su lado. Que se te pongan los pelos de punta viendo cómo Blanchett pasa de un extremo emocional al otro, cómo se mantiene durante más de 90 minutos en el límite entre la risa nerviosa y las lágrimas más amargas, agarrada a su chaqueta de Chanel y su bolso de Vuitton, los recuerdos de la princesa del Upper East Side que fue, sus anclas que no evitan que siga avanzando, cada vez más deprisa, hacia el colapso que se intuye desde que llega a San Francisco.

Emocional, neurótica, sarcástica, aleccionadora siempre, excéntrica. Jasmine comparte cualidades con los mejores personajes de la filmografía de Woody Allen. Casi siempre mujeres. Tiene algo de Annie Hall, de Hannah, Lee y Holly, de la inestable Eve de Interiores, e incluso de María Elena. Tiene mucho de Woody Allen, vaya. Y sobre todo, muy a pesar de Allen, de la Blanche DuBois de Tennessee Williams en Un tranvía llamado Deseo.

Como Blanche, Jasmine ha nacido para ser princesa, para pasear orgullosamente su Vuitton por Park Avenue no por las coloristas calles de Mission, el barrio de San Francisco en el que vive su hermana, Ginger (una perfecta Sally Hawkins), y al que se tiene que mudar después de que a su marido (genial Alec Baldwin) le detuvieran por un fraude económico. ¿Y ahora qué? Reconstruir su vida de la nada, empezando por ella misma, una persona vacía, cuya identidad había creado a partir de las apariencias, de vestidos caros, fiestas caras, perfumes caros y una canción, Blue Moon, que compartió con el que ahora la ha traicionado.

El miedo de Jasmine, el pánico a la soledad, a levantar una nueva vida, se aprecia detrás de la muralla de fantasías y mentiras que se había creado y ahora reconstruye para engañar al siguiente ‘príncipe’ que la mantenga y devuelva el estatus que ella se merece, lejos de los losers de su hermana y sus novios (Bobby Cannavale, como un inmenso Stanley Kowalski, Andrew Dice Clay y Louis C.K.) que la ponen en tensión y sacan la verdadera Jasmine, ésa que no quiere ver nunca. El miedo asoma sutilmente por los ojos hinchados de Blanchett, por sus lágrimas y sus conversaciones con ella misma, en voz alta, que nos llevan de San Francisco a los flashbacks de Nueva York, con los que Allen va reconstruyendo la historia de esta caída en picado, de este inevitable hundimiento tan actual que, como en los grandes dramas del director, vuelven siempre a la culpa. Esa culpa que arrastra Jasmine, como responsable del estado de ansiedad en el que se encuentra. Una ansiedad que roza o sobrepasa el absurdo, sobre todo, cuando se enfrenta a todos esos personajes que se mueven a su alrededor (Cannavale, Andrew Dice Clay, Louis C.K., Sally Hawkins, Michael Stuhlbarg) y aportan el equilibrio perfecto de comedia a este drama que, ahora sí (ni Match Point, ni Midnight in Paris), es la mejor película de Woody Allen en los últimos 20 años.

 

VEREDICTO: Retrato hipnótico y demoledor de una mujer 100% alleniana.

SINOPSIS:

Después de verse arruinada y en medio de una crisis aguda, la complicada Jasmine se ve obligada a mudarse con su hermana en San Francisco.

Blue Jasmine

Comedia / EE UU / 2013 / Dir: Woody Allen / Reparto: Alec Baldwin, Cate Blanchett, Bobby Cannavale, Louis C.K., Andrew Dice Clay, Sally Hawkins, Peter Sarsgaard / Guión: Woody Allen

ESTRENO: 15 de Noviembre de 2013

ETIQUETAS:

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