CRÍTICA

Blanka

6

Por
29 de agosto de 2016

Cuando una película comienza siguiendo a una niña que mendiga en la calle, una de dos: o nos dejará hechos polvo (¿recuerdan La vendedora de rosas?), o nos enfurecerá con sus chantajes emocionales. ¿De cuál de estos dos lados cae Blanka? Pues, por raro que parezca, de ninguno. Para empezar, porque la huérfana protagonista no es un ángel concebido para darnos pena, ni tampoco un cachito de miseria con patas, sino una superviviente con más mañas que una navaja suiza y las conchas necesarias para sobrevivir en el infierno.

Bajo esta premisa, Blanka asume con gusto su condición de fábula sin excesivo apego a lo correcto según los cánones del realismo. Básicamente porque, para retratar condiciones extremas de vida, sus imágenes captadas en una Manila que diríase postapocalíptica se bastan y se sobran ellas solitas. Y también porque, si Hasei elige las nobles formas del cuento sobre las de la narrativa social al uso, eso no le lleva a esquiva lo horrible: aquí, el lobo feroz es la prostitución infantil. De esta manera, la ladronzuela que quiere comprarse una madre, el guitarrista ciego que quiere enseñarle a cantar y el resto de la fauna urbana que los rodea (patética, monstruosa, noble o todo ello a la vez) dan forma a un trabajo que seguramente no hará historia, pero que sí sirve como contrapunto a la exhibición de atrocidades ofrecida por Brillante Mendoza y otros filipinos insignes.

Chaplin y Dickens se dan un garbeo por la Manila más sórdida.

SINOPSIS:

Blanka sigue la vida de una pequeña niña (Cydel Gabutero), quien pide limosnas y le roba a los turistas para sobrevivir en la ciudad de Manila, hasta que un día se le ocurre la absurda idea de comprarse una madre para arreglar su vida.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO: , ,

GUIÓN:

PAIS: Italia, Filipinas, Japón

DURACIÓN: 75 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: EDF

ESTRENO: 23 de Septiembre de 2016