CRÍTICA

Bienvenidos al barrio

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Por
23 de septiembre de 2019

Al cine francés se le suele dormir el brazo con el generoso peso de sus comedias de choque cultural tolerante e “integrativo”. Una corriente ya explorada por Mohamed Hamidi en La vaca o Mi tierra y que, en esta ocasión, se articula alrededor de un empresario parisino moderadamente chic y caradura que, por culpa de un pufo con el fisco, tiene que establecer su moderna empresa en un distrito bastante apache del extrarradio. Vamos, como si alguien abre un coworking hipster en Las 3.000 viviendas. La premisa tiene posibilidades, aunque Hamidi (también coguionista) las explota solo a medias, lastrado por el tono light y buenrrollista que impera en su ajustado metraje.

Evidentemente, tampoco era plan de cargar las tintas marginales y criminales, pero un poco más de sal y hasta pimienta se echan en falta de forma reiterada. Un déficit de imaginación que afecta a situaciones y personajes (poco desarrollados, como la mano derecha del jefe) y que suele caer en el tópico a trompicones (no faltan el rebañito de críos extorsionadores, la pandilla de mafiosetes prestamistas o el romancillo entre el morito simpático y la tímida de la ofi). Hay alguna escena cómica conseguida –el casting de empleados locales, por ejemplo- pero el conjunto, y el desenlace, muestran tibieza y hasta precipitación. Para pasar el rato rodeado de fraternité y poco más.

Comedia de entretiempo algo simplona y con escasos recursos humanos, pese a Lellouche.

SINOPSIS:

Fred es un un estafador que a través de su agencia de publicidad obtiene ayudas y exenciones de impuestos. Cuando los auditores descubren el engaño, no tendrá otra opción que mudarse con sus empleados para evitar los pagos millonarios.

Bienvenidos al barrio

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

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PAIS: Francia

DURACIÓN:

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA:

ESTRENO: 27 de Septiembre de 2019