CRÍTICA

Bailando en el desierto

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03 de agosto de 2015

Algunas joyas  como Gabbeh o Un tiempo para los caballos borrachos demostraron que el cine iraní también sabe poner a sus protagonistas a bailar, aunque sea de refilón pugnando contra las fuerzas cazurras y/o poéticas de la naturaleza, como hizo Dovzhenko con la danza furiosa y espigada en Tierra. Pero pocas veces de forma tan directa y “antropológica”, en tándem equilibrado y equitativo, como aquí. El problema es que, a pesar de que la historia, el look y los personajes digan lo contrario (estos, en perfecto inglés), Bailando en el desierto no es iraní. Un pequeño detalle que amenaza con desacreditar el “basado en hechos reales” de su argumento: la esforzada biografía de Afshin Ghaffarian, un estudiante que lo primero que busca en YouTube son piruetas y tutús y que forma un cuerpo de baile clandestino en contra de la normativa castradora en materia artística (y en todo lo demás) de su país.

Así, el espíritu de Footloose/Billy Elliot de su línea medular encaja con cierto tono maniqueo que impregna a los protagonistas y sus discursos críticos directos o indirectos (cuesta imaginar a Freida Pinto encarnando a una heroinómana “subvencionada“). Pero, en realidad, lo que importa del filme es el espectacular trabajo de Akram Khan, creador de secuencias como el tuteo coreográfico con la arena del desierto y la performance final en París. Fogonazos de cine mudo que valen más que mil proclamas

Pobre en el discurso, rica en las coreografías. No cuaja.

SINOPSIS:

Basada en una historia real que narra cómo Afshin Ghaffarian arriesgó todo en el año 2009 para formar una compañia de danza en su país natal, Irán, en medio de los conflictos políticos, las elecciones presidenciales de aquél año y desafiando la prohibición que rige en el país sobre el baile.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO: ,

DIRECTOR:

REPARTO: , , , ,

GUIÓN:

PAIS: Reino Unido

DURACIÓN: 98

EDAD RECOMENDADA: na

DISTRIBUIDORA: Otro Distribuidor

ESTRENO: 14 de Agosto de 2015