CRÍTICA

Ayka

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Por
07 de julio de 2020

Puede que no diga nada bueno del cine social europeo que, dos décadas después de La promesa (1996), el dispositivo formal instaurado por los hermanos Dardenne –la cámara en mano pegada a la nuca de los personajes, cuyas tribulaciones se siguen sin descanso– se mantenga como lenguaje predilecto al abordar la vida cotidiana de obreros y desfavorecidos. ¿Es un código válido para hablar de la precariedad –ese ácido que baña de realidad cualquier rostro– o forma parte del pack estético de cineasta comprometido y ni se cuestiona su modo de representación?

Queja razonable, pero también invita a reflexión que el via crucis de la protagonista de Ayka, una joven inmigrante ilegal de Kirguistán en Moscú, sea tan parecido al de Rosetta (1999), solo que brutalmente peor; a la búsqueda desesperada de trabajo suma nieve perpetua, xenofobia, mafiosos detrás de tu pescuezo, hemorragias postparto y dolorosa mastitis. ¿Cuánto se han depauperado las condiciones vitales de la clase obrera en ese tiempo? ¿A todas las pérdidas sociales asumidas debemos añadir la de un lenguaje cinematográfico propio?

Samal Yeslyamova, que debutó como actriz en el filme anterior de Dvortsevoy (Tulpan, 2008) encarna esas angustias teóricas y materiales en su actuación, premiada en Cannes. De un naturalismo visceral en Super 16mm, sus sudores fríos y lucha contra los elementos son límpidos y mugrientos, como la nieve al borde del camino.

Cine de terror cotidiano: ser una inmigrante ilegal sin trabajo en Moscú.

SINOPSIS:

Ayka abandona a su hijo tras dar a luz en el hospital. Su incapacidad en ese momento para poder mantener al pequeño (sin trabajo, un techo bajo en el que vivir y repleta de deudas) hace que esta deba renunciar a su maternidad. Sin embargo, un tiempo después su propio instinto hará que intente encontrar al niño por todos los medios.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO:

GUIÓN:

PAIS: Kazajstán

DURACIÓN: 100 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: Filmin

ESTRENO: 10 de Julio de 2020