CRÍTICA

¡Ave, César!

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Por
19 de febrero de 2016

Una cosa es hacerle guiños a La Odisea o al Ulises, reventar sesos a lo Cormac McCarthy o incluso encerrar a los guionistas de Barton Fink con Kafka, y otra muy diferente enfrentarse a la Biblia. Qué ocurrencia (ironía). Pero si Tarantino no hubiese creado al Señor Lobo para confundirnos del todo, pensaríamos que el Eddie Mannix de Josh Brolin en esta antes divertida que mordaz ¡Ave, César! es el Jesucristo que se sacrifica por los pecados de las estrellas de cine a quien tiene que salvar de sí mismos en nombre del Dios productor, en pleno rodaje (cine dentro del cine) de Hail, Caesar!: A Tale of the Christ y frente a la amenaza roja (y gay y atea e intelectual). El cine como religión, cachonda pero sectaria.

Claro que ¡Ave, César! , aparte de una historia de un Cristo entregado a la causa de salvar un mundo que se derrumba sin saberlo (“¿qué pasará cuando todo el mundo tenga TV?”, se oye), es aparentemente la película más cómoda (y también la más ajustada a lo que pretende) de los Coen. Aquí volvemos a la Biblia: nadie puede reírse más certeramente de algo que el que mejor lo conoce (sentido científico pero también bíblico): el amor/conocimiento carnal por el cine de estos judíos redichos y geniales les permite reírse hasta hartar de él, y proponer al fin los mejores golpes puros de comedia tras varios atrevimientos fallidos (desde El gran Lebowski sus comedias son irregularísimas, y aunque les funcionen situaciones de humor en dramas coenianos potentes quedaba un reguero de risas insatisfechas: Crueldad intolerable, Ladykillers, Quemar después de leer…). Entre risas y aspavientos de un Clooney desatado y de pierna gorda (nadie después del ocaso de Jim Carrey desafora más y mejor las muecas) subyace una reflexión en alguna parte: la visión irreverente de eso tan manido de que las películas nos salvan la vida. Reirse de ello con fundamento (y con la clase marca de la casa Coen) no anula el axioma, más bien lo engrandece.

Ojo, que esto es también una parodia sobre el fulgor fatuo del cine de los 50, de Esther Williams al musical en Technicolor pasando por los chistes sobre la vida privada de Danny Kaye y Clark Gable (los dos únicos nombres reales que se escuchan en el filme, por cierto), incluida la Caza de brujas, por la que pasan de puntillas. ¿Homenaje? En algún caso, las intraescenas romanas de Hail, César! (la escena del agua y Jesús de espaldas, sacada de Ben-Hur) van más allá incluso de las escenas bíblicas (esos 15 mandamientos en tres tablas, gag que justifica una carrera) de Mel Brooks en La loca historia del mundo, e incluso en la trama de estudio al margen de la película que se rueda dentro de la película: que Christophe Lambert sea un cineasta sueco es el despiporre, una salida sólo a la altura de dos genios.

Redentores de una época a la que miran con retrovisor indulgente, creativas ratas de filmoteca, profetas del dogma cinéfilo, los Coen logran ese cruce (tan judío) de devoción (religiosa) y risas que prosigue su plan de dominación de los clásicos audiovisuales universales. ¡Ave, César! es su particular monte del calvario, allí donde van a reír hasta morir para después resucitar con su próxima película.

La religión verdadera es el cine clásico, y los hermanos Coen son nuestros cachondos profetas.

SINOPSIS:

En el Hollywood de los años 50, uno de los grandes estudios pretende hacer una gran superproducción de romanos protagonizado por una gran estrella (Clooney), pero durante el rodaje el famoso actor resulta ser secuestrado.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO: ,

DIRECTOR:

REPARTO:

GUIÓN:

PAIS: Reino Unido

DURACIÓN: 100

EDAD RECOMENDADA: na

DISTRIBUIDORA: Universal Pictures

ESTRENO: 19 de Febrero de 2016

ETIQUETAS:

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