CRÍTICA

Ana, mon amour

8

Por
23 de julio de 2017

Que la pareja es un invento esencialmente defectuoso es algo que pocos han demostrado tan claramente como Ingmar Bergman, y, por tanto, es lógico que ahora el rumano Călin Peter Netzer invoque al maestro sueco para recordárnoslo. En concreto, Ana, mon amour es un devastador recorrido a través de 10 años en común entre un hombre y una mujer sumidos en la más tóxica codependencia. Planteado, no como una narración convencional, sino como una colección de piezas de puzzle desordenadas, el drama va saltando impredeciblemente sobre un paisaje temporal que debemos trazar por nuestra cuenta, y en ese sentido, los diferentes peinados que los personajes usan a lo largo de los años son ayuda inestimable.

A medida que nos acostumbra a la alternancia de tonos y nos empuja a atar cabos entre el primer encuentro sexual, el matrimonio, el nacimiento del hijo, las carreras profesionales divergentes y demás, la película disecciona con ojo de lince los sistemas de control y dependencia que se generan entre esposos y que tienen efectos demoledores para ambas partes; los sacrificios que se tornan intercambios de reproches y competiciones que tratan de dirimir quién da y quién recibe más; los celos, las sospechas, las paranoias; y la intromisión de elementos externos como la familia, la religión y el psicoanálisis. El resultado es un examen tan certero de las miserias consustanciales a la vida conyugal que contemplarlo duele.

La opción de entretenimiento menos indicada para una primera cita.

SINOPSIS:

Ana y Toma se conocieron estudiando en literatura en la universidad. Forman una pareja desde entonces en la que Toma es el fuerte porque ella sufre ansiedad por sus traumas infantiles. Pero cuando se queda embarazada y empieza a ir a terapia, será Toma quien caiga.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO: , ,

GUIÓN: , ,

PAIS: Rumania, Alemania, Francia

DURACIÓN: 125 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: Golem Distribución

ESTRENO: 25 de Agosto de 2017