CRÍTICA

Algunas bestias

8

Por
23 de junio de 2020

Un plano cenital sobre una isla del sur de la costa chilena, avanza el despliegue prodigioso de puesta en escena y tensión que oculta en su interior Algunas bestias. La luz y el reflejo sobre el mar ejercen de elemento de aislamiento y la naturaleza apenas permite distinguir la presencia de una casa, hasta la que se ha desplazado una familia formada por un matrimonio, sus hijos y los padres de la mujer. El objetivo de esta reunión es conseguir que los abuelos se impliquen en el negocio de reformar esa casa para convertirla en un negocio turístico. Sin embargo, los motivos del viaje pasan a un segundo plano cuando desaparece el hombre que les llevo a este lugar, en el que desde se ese momento se encuentran solos y comienza a escasear el agua.

Los personajes se ven confinados en la isla con el único refugio de una casa “mugrienta y sucia, que se cae a pedazos”, que quizá no es más que un reflejo de sus propias almas. Y también indefensos frente a esa naturaleza cuya presencia ya se destacaba en el inquietante prólogo, pero que no es la mayor amenaza que se cierne a partir de ese momento sobre ellos. Sobre este punto de partida toma impulso (de una manera absolutamente vigorosa) el segundo largometraje del chileno Jorge Riquelme Serrano, que debutó en el cine dando muestras de su talento para generar extrañeza con Camaleón (2015) y que es fundador de la productora Laberinto Films.

No se trata de una afinada crítica social sobre la condición burguesa de su familia protagonista, como suele ser habitual en el género de disección de las relaciones familiares, en los dramas caseros, por así denominarlos. Aquí asistimos a un in crescendo narrativo de atmósferas saturadas y secuencias planificadas de una manera premeditadamente gélida, en el transcurso de las cuales acontece la transformación de un grupo de seres humanos en verdaderas bestias en mitad de la naturaleza. Un catálogo de comportamientos extraños y extremos que se convierten en una atinada y cruel –por lo que tiene de real- reflexión sobre las derivas posibles de la condición humana, que empuja al espectador a un punto culminante preparado como un auténtico antídoto contra la indiferencia.

Paulina García, inolvidable en Gloria (2013), de Sebastián Lelio; y Alfredo Castro, actor recurrente en la inmensa filmografía Pablo Larraín, donde ya ha demostrado su versatilidad y talento para el riesgo, y al que pronto veremos en la también excepcional Blanco en blanco (2019), de Théo Court, interpretan con su habitual capacidad para sintetizar las emociones y variar de registros a la pareja más veterana de la familia. Ellos encabezan un reparto que sabe en todo momento encajar esa frialdad emocional que tan bien le sienta a la película y que Jorge Riquelme Serrano maneja con absoluta habilidad. Porque Algunas bestias confirma, sin duda, a un cineasta con una vocación de enfrentar cualquier tipo de riesgo.

Obra con una cuidada propuesta formal, que huye de las metáforas para retratar una historia familiar dominada por una tensión asfixiante.

SINOPSIS:

Alejandro, Ana y su familia se va de vacaciones a una isla remota del sur de Chile. Su destino paradisíaco se convertirá en un infierno terrenal cuando desaparezca Nicolás, el encargado de mantenimiento que los llevó hasta allí. Todos quedarán atrapados en el lugar, pero pronto su instinto de supervivencia hará acto de presencia.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO: ,

DIRECTOR:

REPARTO:

GUIÓN:

PAIS: Chile

DURACIÓN: 98 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA:

ESTRENO: 26 de Junio de 2020