CRÍTICA

2 otoños 3 inviernos

7

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09 de marzo de 2015

De La chica del 14 de julio a la chica que hace running (correr, a lo que se ve, no basta) por el parque. Al bueno del actor Vincent Macaigne el verano de aquella parisina revolucionaria sin sujetador se le ha convertido en un invierno con brasero y DVD de Moonrise Kingdom en bucle, y de esa mezcla de obsesiones no salimos tan mal parados como pareciera, mientras conocemos a estos veinteañeros largos, treintañeros cortos que adoran a Alain Tanner y a Wes Anderson por igual. Los experimentos visuales y narrativos (capítulos, texturas, confesiones a cámara) de Betbeder, director que cayó en la marmita de la Nouvelle Vague y se diría seducido por 500 días juntos, son trucos para colarnos con demasiado tiento el miedo al compromiso como tema. Pero empiezan a funcionar cuando pierde el complejo generacional y el deje pedante (“Amélie es guapa en contrapicado”, se oye), y reconoce que el problema de que los jóvenes airados de los 60 sean ahora niños grandes tristes puede funcionar sin falta de artificios. Sincerándose. Como cuando reconoce todas sus referencias sin tapujos (bravo, Eugène Green). Así sucede en el discurrir de los cuatro protagonistas. Conforme pasan los otoños y van llegando los inviernos, aquello mejora. O empeora, vaya. Se jode el amor de tanto reivindicar a Judd Apatow. Y queda un final de lo más apañado. Todo esto, aunque a este crítico le ponga más la frescura de Supersalidos que la intensidad de Hazme reír.

De La chica del 14 de julio a la chica que hace running (correr, a lo que se ve, no basta) por el parque. Al bueno del actor Vincent Macaigne el verano de aquella parisina revolucionaria sin sujetador se le ha convertido en un invierno con brasero y DVD de Moonrise Kingdom en bucle, y de esa mezcla de obsesiones no salimos tan mal parados como pareciera, mientras conocemos a estos veinteañeros largos, treintañeros cortos que adoran a Alain Tanner y a Wes Anderson por igual. Los experimentos visuales y narrativos (capítulos, texturas, confesiones a cámara) de Betbeder, director que cayó en la marmita de la Nouvelle Vague y se diría seducido por 500 días juntos, son trucos para colarnos con demasiado tiento el miedo al compromiso como tema.

Pero empiezan a funcionar cuando pierde el complejo generacional y el deje pedante (“Amélie es guapa en contrapicado”, se oye), y reconoce que el problema de que los jóvenes airados de los 60 sean ahora niños grandes tristes puede funcionar sin falta de artificios. Sincerándose. Como cuando reconoce todas sus referencias sin tapujos (bravo, Eugène Green). Así sucede en el discurrir de los cuatro protagonistas. Conforme pasan los otoños y van llegando los inviernos, aquello mejora. O empeora, vaya. Se jode el amor de tanto reivindicar a Judd Apatow. Y queda un final de lo más apañado. Todo esto, aunque a este crítico le ponga más la frescura de Supersalidos que la intensidad de Hazme reír.

Divagaciones coloristas sobre el miedo a (reírse de) la madurez.

SINOPSIS:

Con 33 años Arman decide cambiar su vida. Ir los sábados a correr por el parque, dejar de fumar o encontrar un buen trabajo son algunos de los propósitos que se marca. Siguiendo sus nuevos objetivos se cruza con Amélie. Su primer encuentro es impactante el segundo, doloroso. En el transcurso de dos otoños y tres inviernos las vidas de Amélie, Arman y su amigo Benjamin se entemezclan, llenas de encuentros, accidentes, historias de amor y recuerdos.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO:

GUIÓN:

PAIS:

DURACIÓN: 93

EDAD RECOMENDADA: PC

DISTRIBUIDORA: CINE BINARIO

ESTRENO: 13 de Marzo de 2015

ETIQUETAS:

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