CRÍTICA

1917

8

Por
09 de enero de 2020

PON UN PEROL DE ARROZ JUNTO A UN CADÁVER, espera a que las moscas entren en él y conviértelas en tu almuerzo aprisionándolas en un puñado del cereal hervido antes de que escapen. Tal vez esta receta no sea muy apetecible, pero su poder nutritivo está demostrado: gracias a ella, el abuelo de este crítico y algunos de sus compañeros de la 108 Brigada Mixta sobrevivieron a la inanición en Brunete. Historias como esta (distintas en la forma, similares en su fondo de miedo y miseria) ayudaron a muchos españoles ya de cierta edad a desconfiar del cine bélico, porque en ellas había muy poco sitio para el heroísmo y mucho para la suerte, o más bien la chiripa. Esa que un día te libra de acabar hecho picadillo por un obús y al siguiente te deja tirado en el frente de Madrid con una rótula hecha pedazos.

Para elaborar 1917, Sam Mendes partió también de los recuerdos de su abuelo, que sobrevivió de milagro a la I Guerra Mundial. Y la índole de ese conflicto, tan poco fotogénico y de orígenes tan bizantinos, ayuda a que esta película gane fuerza: si algo queda claro en los primeros minutos del filme, cuando los soldados Dean-Charles Chapman y George McKay se lanzan a una misión suicida (llevar un mensaje a través de la tierra de nadie), es que aquí nadie tiene el alivio de saberse el bueno del cuento. El desastre que tratan de prevenir los protagonistas (por órdenes, cameo de lujo mediante, de un Colin Firth en penumbra) se debe a una imprudencia táctica, y la razón para detestar al enemigo no obedece a banderas ni a ideologías, sino a que en el otro bando se come mejor, se duerme mejor y hasta las ratas están más gordas.

Por lo demás, en lugar de a recrear una monumental carnicería histórica, diríase que 1917 aspira a transmitir la inminencia de la muerte: si esta llega en forma de bala en el cráneo, de puñalada en las tripas o de gangrena tras meter una mano herida en las entrañas expuestas de un cadáver, es lo de menos.

No se puede hablar de 1917 sin mencionar también su condición de alarde técnico. Un alarde que se cobra su precio en forma de inconsistencias de guion y de alerta constante, con el ojo siempre en busca de esas trampas digitales con las que Mendes induce la ilusión de continuidad. Pero a la hora de valorarla, eso tampoco importa tanto: con el mismo pulso para la violencia que demostró en Camino a la perdición y Skyfall, el director ha entregado un filme que no es ni Senderos de gloria ni Salvar al soldado Ryan, pero que no pierde valor por ello. Y que sí funciona, por otra parte, como cruz de la cara mostrada por Christopher Nolan en Dunkerque: como aquella cinta (pero de forma menos alambicada… en apariencia),

1917 también aspira a mostrar cómo la adrenalina y el miedo moldean nuestra percepción del tiempo. La deriva del relato hacia terrenos casi de alucinación (los contraluces de Roger Deakins en el pueblo ocupado, ese Wayfaring Stranger antes de una carga a la bayoneta) recalcan su condición de suma de instantes a los cuales uno sobrevive para respirar unos segundos más, un día más, en una carrera hacia ninguna parte cuya única meta es vivir para contar la historia. Y rogar para que quienes la escuchen no se vean abocados a revivirla.

En las trincheras, el survival horror se vive en tiempo real.

SINOPSIS:

En uno de los momentos de mayor crispación de la Primera Guerra Mundial, dos jóvenes soldados británicos reciben una misión suicida. Para ello, deberán atravesar todo el territorio enemigo y entregar un mensaje que evite un ataque contra cientos de soldados, entre ellos el hermano de uno de los dos.

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

DIRECTOR:

REPARTO: , , ,

GUIÓN:

PAIS: Estados Unidos

DURACIÓN: 118 min.

EDAD RECOMENDADA:

DISTRIBUIDORA: eOne Films

ESTRENO: 10 de Enero de 2020