CRÍTICA

10.000 noches en ninguna parte

8

Por
09 de mayo de 2014

No hay desproporción si se compara la última película de Ramón Salazar con el cine transmigratorio de Terrence Malick. Ni tampoco si encontramos en 10.000 noches en ninguna parte las reverberaciones y el onanismo espacio-temporal del Medem más conspicuo y astral, el de Los amantes del Círculo Polar o Lucía y el sexo. De hecho, el Otto de Fele Martínez en aquélla también pudiera ser palíndromo de este Peter Pan With No Name que interpreta, o mejor dicho somatiza, Andrés Gertúdrix. Sobre el menudo actor descansa gran parte del embelesamiento, y también del hartazgo, que puede llegar a provocar esta película de foco suave y sentimientos velados por traslúcidas capas de hielo y de cristal.

El excedente de talento de este cineasta singular provoca además que regurgite la casta de dos de nuestras mayores especialistas en trance films, como son Najwa Nimri y Lola Dueñas. La primera, condenada en Berlín a asumir aquello del que nunca serás (o tendrás) lo que siempre deseaste, y la Dueñas, siempre valiente, aún siendo redibujada en París con un trazo lunático entre Amélie y las femmes de la Nouvelle. Y en medio del torbellino temporal y mujeril, un animalico herido, incapaz de preguntar a su alcoholic mamma: ¿tan difícil es pedir perdón?

 

Salazar depura su estilo. ¡Vivan los labios de Paula Medina!

SINOPSIS:

Un joven de desconcertante ingenuidad vive tres vidas paralelas en 3 ciudades diferentes: Madrid, París y Berlín.

10.000 noches en ninguna parte

FICHA TÉCNICA

GÉNERO:

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PAIS: España

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EDAD RECOMENDADA:

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ESTRENO: 09 de Mayo de 2014