Fútbol y cine

Superclásico Boca-River a tutiplén

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22 de abril de 2013

Boca-River, River-Boca. El clásico del fútbol argentino. De hecho, en aquel país inventaron esa denominación para lo que nosotros denominábamos “partido de la máxima rivalidad” –¿dónde quedó eso?– o “derbi”, incluso aunque fuese entre equipos de ciudades distintas.

Boca-River, River-Boca. El Superclásico. Y, con perdón, el supercliché también. De un deporte, de una pasión y hasta de un país.

Sucede que a veces los lugares comunes dejan buen sabor de boca, sobre todo si, como en el caso de Noches de vino y copas, traducción para el estreno en España (el viernes 26 de abril) de la película danesa Superclásico, consiguen trasladar el asombro de un personaje completamente perdido, ajeno a esos supuestamente manidos lugares comunes: Buenos Aires más luminosa que nunca, un trío amoroso y el trasfondo futbolero de un Boca Juniors-River Plate en el ambiente. Todo ello visto a través de la mirada de un danés, que en Copenhague tiene una vinoteca, y que llega a la capital de Argentina sin tener ni papa de español, totalmente Lost in Translation, para recuperar a su mujer, agente de futbolistas, que le ha dejado por la estrella de Boca Juniors. El eco futbolístico del Superclásico se deja notar con fuerza, y con coña marinera porteña, en escenas como ésta, que os ofrecemos en exclusiva en este blog:

Dirigido por Ole Christian Madsen, realizador de Flame y Citron, el enredo, agradable, alocado, pero con ese toque desesperado, casi grave en sus protagonistas, que tan bien funciona en el cine nórdico y  que cuaja bien con la desmesura bonaerense, se completa con el personaje del hijo de la pareja rota, un adolescente que llega con su padre a Buenos Aires para recuperar a su madre y va a acabar metiendo metafóricos goles por la escuadra. En su momento, Noches de vino y copas (un título que pierde su toque balompédico en beneficio de un cierto aire vitivinícola a Entre copas, aunque también haya copas futbolísticas que celebrar), película producida en 2011, fue seleccionada por Dinamarca para los Oscar de 2012, e incluso pasó la primera criba de 9 películas finalistas. Finalmente, no fue nominada, y ese año la estatuílla se la llevó la maravillosa película de Asghar Farhadi, Nader y Simin, una separación.

En lo balompédico, el filme tiene una sorpresa cinematográfica estrictamente futbolera: se llama Sebastián Estevanez, es el actor argentino que interpreta a la figura de Boca Juniors en el filme, Juan Díaz (con el nombre no se rompieron mucho la cabeza) y lo curioso (novedoso tratándose de un filme de ficción con trasfondo futbolero) es que… ¡juega bien al balón!


Estevanez tiene pinta de futbolista cuando no está en el campo, pero también tiene trazas de pelotero con la pelota. Además de las escenas recreadas en la Bombonera, el estadio de Boca, aprovechando algún encuentro real [al parecer, las imágenes se rodaron en el Superclásico del 25 de marzo de 2010, que terminó 2-0 a favor de Boca Juniors con dos goles –y expulsión– del chileno Gary Medel, hoy en las filas del Sevilla], es curioso cómo se resuelve el pique entre el danés errante (que asegura que fue portero de balonmano, uno de los deportes más populares de Dinamarca) y el delantero argentino: una tanda de penales en una pequeña cancha indoor que está simpática y deja claro que, al menos, el actor detrás del crack futbolero, la mueve bien.

Por cierto, esa simpatía partidista y algo artificiosa del cine por Boca Juniors, como metáfora del equipo más popular y humilde, el club supuestamente más ‘simpático’, tampoco acabo de verla clara como aficionado neutral. Pero parece que forma parte también del cliché, no sólo cinematográfico, sino casi universal. Contra eso, hay poco que hacer, aparte de contarlo.

 

TODAVÍA UN DERBY MÁS…

No se acaba aquí el tirón del Superclásico en el cine. Otro película se deja seducir por el tópico del Superclásico, pero esta vez no se salva casi nadie. Tampoco el fútbol.

En su aventura en Hollywood, el joven cineasta español David Martín Porras ha lidiado con otro trío, esta vez sentimentalmente deudor de Jules et Jim, una terna formada por tres jóvenes norteamericanos viviendo la vida loca en BAires, todo ello culminado por un presunto plan perfecto (perpetrado en el momento en el que la ciudad se paraliza por el Boca-River) que acaba llevando el filme por los vericuetos del thriller estilizado. El vértice de este triángulo amoroso es la actriz Sophie Auster, hija del escritor neoyorquino Paul Auster. Presunta musa de la modernidad, a Sophie tampoco le importa ponerse la bufanda de Boca Juniors.

La película, pequeña, casi ínfima, de 75 escasos minutos y una trama que sobraría en un cortometraje, es muy discreta. Producida en 2011, se vio en la Seminci de Valladolid, y se ha visto también este mes de abril en @filmin, en su Atlantida Film Festival, donde pude confirmar también que casi todas las películas que retratan el Superclásico parecen apostar por Boca. Mucho postureo veo yo ahí.


 

 

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