Fútbol y cine

Pep y Mou, como Pacino y De Niro en ‘Heat’

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27 de abril de 2011

Tal vez porque en las películas siempre preferí un mal Ethan Edwards que un buen Antoine Doinel, o quizá porque nunca me sobró carácter jugando al fútbol (empecé a tenerlo con 29 años, demasiado tarde), admiro más a los deportistas arrogantes que a los modestos (falsos por definición). Por eso me gustan Guardiola (siempre tuvo un tono altanero, pese a su buena educación) y Mourinho (siempre tuvo un deje campechano, pese a su chulería provocadora), los dos, cuando se saltan el guión del perfecto anodino, como pasó ayer en vísperas de una semifinal de Copa de Europa. Y como se dirigieron sus mensajes a la cara, pero sin estar juntos en el mismo espacio, me vino a la cabeza toda la mística legendaria de la escena de la película Heat, el cara a cara en la cafetería Kate Mantilini de Los Angeles, en la que el maestro Michael Mann reunió a los dos genios de la interpretación del último cuatro de siglo XX (a partir de 2000 ambos han caído bastante, la verdad): Al Pacino y Robert De Niro. Contra la leyenda urbana de que nunca estuvieron cara a cara, la realidad es que sí lo hicieron, e incluso se plantaron ante la cámara sin ensayos previos, para que fuese más verosímil que sus personajes no se conocían.

Si borrásemos a Pacino y a De Niro, nadie mejor que José Mourinho y Pep Guardiola para ocupar sus puestos. Ellos son el auténtico Heat del fútbol mundial, y por eso se me ocurrió colarlo en mi artículo del Diario As el día que Barça y Real Madrid juegan en el Bernabéu una semifinal de Champions. Aquí os lo dejo: lo podéis enlazar también aquí.

“Hay que correr más rápido que la belleza” soltó una tarde después de la siesta Pablo Picasso, y se quedó tan ancho. Tuvo mucho mérito decir aquello sin conocer a Mourinho ni a Guardiola, la única pareja del mundo que podría sustituir a De Niro y a Pacino en la escena del cara a cara de Heat sin que nos diésemos cuenta. Como en la película, tampoco compartirán nunca un solo plano, pero están unidos para la eternidad. Dos fenómenos enredados filosóficamente más allá de las apariencias dialécticas ante una noche europea para enamorarse del fútbol; dos artistas que han acabado por comprender que el espectáculo, como el Arte, está incluso por encima del ideal de juego que proponen.

Ah, la belleza. Esa una discusión que el Arte hace tiempo que solventó y que los que amamos el fútbol echamos en falta en el balompié, eterno candidato, como el asesinato, a coronarse como una de las Bellas Artes. Goya y sus pinturas negras lo avanzaron: se podía pintar feo y ser magistral. Aquí algunos han querido reducir a una cuestión de bonito o feo un debate que en realidad debería llegar a solventar la cuestión de lo bueno: ¿Y qué es el bien en el fútbol? El tiqui taca exitoso de Pep, las victorias arrogantes de Mou… Podríamos seguir perdiéndonos en más disputas estériles sobre si es ganar o jugar bonito, o cualquier combinación entre ambas, cuando la respuesta, para los amantes del arte del fútbol está en el partido de esta noche. El bien es un Real Madrid-Barcelona de Copa de Europa en el Santiago Bernabéu. Lo demás es ruido de disparos: policías contra ladrones sin que nunca sepamos del todo quién es mejor artista.

 

P.D. “¿Nunca has querido llevar una vida normal?”. es la frase de la mítica escena que tenéis aquí debajo que se me quedó en el tintero para el artículo. esto es oro puro, incluso doblada.

 

 

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