Crítico de mierda

Las 3 DE ‘El Piraña’

23 de marzo de 2011

Si van a ver una película esta semana, que sea Piraña 3D. El remake de Alexandre Aja es la película más loca y gamberra del año… pasado. Una acertadísima versión del original, un filme que fue un rotundísimo éxito en nuestro país cuando se estrenó allá por 1980 (y que aterró a mi madre, que disfrutaba contándomela en mi infancia). Tal fue su éxito que uno de los personajes de Verano Azul, el gordito zampabollos, recibió precisamente ese apodo: “El Piraña”. Miguel Ángel Valero, su intérprete, llegó a adoptarlo como nombre artístico durante su época de intérprete infantil, que le llevó a protagonizar tres películas como tres soles. Celebremos el estreno de Ajá repasando la filmografía de este titán de la interpretación que provocó que a todo crío gordito le llamaran Piraña durante casi una década.

Padre no hay más que dos (1982), la película más flojita de Fernando Esteso y Andrés Pajares tiene como co-estrellas al Tito, el Piraña y algún niño más (“la Annie española”, dicen los créditos). La pareja de humoristas quería hacer una peli para los críos, grandes seguidores del dúo: en aquella época los papás llevaban a los críos a ver películas con bromas de putas y poblados felpudos, así que todos se hacían fans aunque no entendieran ni papa lo que pasaba.

 

Tito y Piraña se vestían de Zipi y Zape (o de Dúo dinámico), cantaban canciones chorras y, en general, corrompían la fórmula del éxito de la pareja de humoristas: no había chistes de maricas ni tías en pelotas. Eso sí, luego había gags imposibles de filmar hoy en día, con Pajares apalizando a Paloma Hurtado por díscola. Y así, con esta sencilla fórmula, todos nos partíamos la caja. Hoy se montaría una buena, con los habituales comentaristas de la tele “condenando la violencia de género”, pero en la época hacía tanta gracia que la Hurtado volvió a cobrar de lo lindo en El busca del huevo perdido, donde trabajaba con sus hermanas.

 

Que se me pira: aquí ya se fue viendo que el que tenía gracia de la pareja era el Piraña, que se movía con gracía aunque sin coordinación y además no cantaba mal. Tito y el Pi tuvieron la ocasión de grabar un disco como el dúo “Los Pirañas”. Quedaba claro que Tito era como el rubio de Cruz y Raya, el destinado a darle la réplica al otro, mucho más gracioso. Pese a todo, el single Comer, comer fue todo una éxitazo que terminó apareciendo en la próxima película de los chavales: Chispita y sus gorilas (1982).

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Chispita aprovechaba la moda de los grupos infantiles, uniendo Los Pirañas (como aparecían acreditados) con Chispita, una niña sevillana que se pretendía lanzar tras la estela de Parchís. En realidad, era más bien como una nueva Marisol, dado su preferencia por la canción española y a buscar la lágrima fácil. La película es entretenida a pesar de su flojísimo guión, con plagio a La guerra de los niños incluido. Si Tino cantaba a Jesucristo para que salvara a Don Mati, Chispita suplicaba con una tonadilla a la virgen que curara a su mamá.

El dúo de críos se hacen llamar aquí Puñe y Tazo, y si no lo han pillado a la primera tranquilos, que les explican la broma varias veces en momentos realmente vergonzantes. Con todo, la pareja vuelve a brillar con un momento francamente brillante: en una escena de la película Tito se pone a imitar a Terence Hill y Piraña a Bud Spencer. Simplemente brillante. De hecho, ¿por qué no juntaron a los cuatro actores en algún filme? Una pena.

 

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Nuestro Piraña está especialmente simpático en la película, llegando a parecer hasta espídico en algún momento, de las ganas que pone. Por contra, Tito demuestra que bailar e improvisar no es precisamente lo suyo: no canta y se movía con poca gracia. No es de extrañar que en la última de estas películas Valero ya no apareciera acompañado por el otro crío.

 

En su siguiente película, Buenas Noches Señor Monstruo (1982), seguía siendo acreditado como  “El Piraña”, aunque dejaba el tema de bailes y canciones. Aquí interpretaba al hijo de Drácula, que se aliaba con los niños del grupo Regaliz. Estos se habían perdido en el bosque y acababan en un castillo con los monstruos clásicos de la Universal. Esto le supuso a nuestro gordito la posibilidad de trabajar con Paul Naschy, y aunque el hombre lobo patrio siempre echó pestes de la película, no es ni mucho menos la peor en la que se vio involucrada. De hecho, y por parte de Piraña, es la mejor en la que ha trabajado (¡), gracias a las acertadas canciones del grupo y el argumento al más puro estilo Abott y Costello. Su punto álgido viene cuando… pide a los niños de la sala que den palmas. ¿Alguien llegaría a hacerlo?

 

Hasta aquí llega la filmografía del Piraña, puesto que su último film, El rollo de septiembre (1985), de Mariano Ozores, ya aparece acreditado únicamente con su nombre, dejando atrás su etapa infantil con una película que trataba de adaptar el modelo de “película de adolescentes jachondos” a nuestro cine. No terminó de funcionar bien y el chico se dedicó a otras cosas más productivas, como estudiar o convertirse en campeón de ping-pong, el deporte de moda.

 

¿Irá Miguel Ángel Valero a ver Piraña 3D? ¿Cómo se sentirá al ver el remake de la película que le proporcionó su apodo? El año pasado retomó su carrera con un anuncio para viajes Barceló, así que es solo cuestión de ofrecerle el proyecto adecuado. A mí se me ocurre que podría protagonizar  una secuela de Chispita y sus Gorilas con Justin Bieber y Santa Justa Klan de protagonistas, dirigida por Apichatpong. Y en 3D, claro.